Redacción.
La Copa del Mundo más grande de la historia pone a prueba la resiliencia energética, medioambiental y tecnológica de las grandes infraestructuras internacionales, y su capacidad para afrontar algunas de las grandes tensiones del siglo XXI: cambio climático, hiperconectividad digital, inseguridad geopolítica y vulnerabilidad energética, explica un especialista en riesgos.
Destacados:
- El Mundial 2026 es mucho más que fútbol: clima, inteligencia artificial y seguridad convierten el torneo en un ‘laboratorio global de gestión de riesgos’ advierte Sergi Simón, asesor y coordinador académico del Área de Gestión de Riesgos y Sostenibilidad de EALDE Business School.
- La Copa del Mundo de la FIFA 2026, en la que participan 48 selecciones que disputarán 104 partidos, y tres países (EE. UU., Canadá y México) comparten la organización, es el mayor evento deportivo jamás organizado y se celebra en un planeta más caliente, digital e incierto, según explica Simón.
- “Este torneo también puede interpretarse como una prueba de estrés sanitaria a escala global, ya que reúne muchos de los factores que los expertos consideran críticos para la propagación de riesgos epidemiológicos”, asegura a EFE.
“El Mundial de fútbol 2026, un torneo que mueve millones de personas, miles de vuelos y una infraestructura logística sin precedentes, representa algo mucho más profundo que deporte”.
Explica Sergi Simón, asesor y coordinador académico del Área de Gestión de Riesgos y Sostenibilidad de escuela de negocios internacional EALDE Business School (www.ealde.es).
Simón considera que el Mundial 2026 está condicionado por “cuatro grandes tensiones del siglo XXI (cambio climático, hiperconectividad digital, inseguridad geopolítica y vulnerabilidad energética) y prevé que esta competición “se convierta en el mayor laboratorio global de sostenibilidad, inteligencia artificial, resiliencia climática y gestión de riesgos visto en un megaevento internacional”.
Señala que "la FIFA prevé ingresos récord cercanos a los 13.000 millones de dólares en el ciclo 2022-2026, pero, según los expertos, el alcance del torneo va mucho más allá del impacto económico y es un espejo de las tensiones del siglo XXI”.
“El Mundial 2026 muestra como sostenibilidad, inteligencia artificial y gestión de riesgos no son conversaciones separadas, sino que forman parte del mismo tablero estratégico. Este torneo refleja simultáneamente nuestras capacidades tecnológicas y nuestras vulnerabilidades globales”, destaca Simón.

Foto: EALDE Business School.
“La Copa del Mundo no es solo fútbol. Es también clima, datos, energía, ciberseguridad y geopolítica. Posiblemente sea el primer gran evento deportivo plenamente condicionado por los grandes riesgos sistémicos globales”, señala Simón, que analiza, las tensiones que a su juicio convierten a este torneo en un ‘laboratorio global de riesgos’.
“El Mundial 2026 es un innegable test de resiliencia” recalca.
Huella de carbono.
Simón considera que “más grande” también significa “más vulnerable” en materia de sostenibilidad.
“El aumento del número de selecciones, sedes, vuelos y desplazamientos, también aumenta la logística, el consumo energético, la seguridad y la complejidad operativa. El tamaño del torneo multiplica la exposición al riesgo climático”, expone.
“Diversos análisis calculan que las emisiones directas e indirectas del Mundial 2026 podrían superar los nueve millones de toneladas de CO₂, convirtiéndose en la competición con mayor huella de carbono celebrada hasta ahora”, según Simón.
“Ahí aparece la gran paradoja de que, mientras el deporte intenta avanzar hacia modelos más sostenibles, los megaeventos internacionales siguen creciendo a un ritmo que tensiona los límites climáticos y urbanos”, explica el asesor académico de EALDE Business School.
Calores extremos.
Uno de los principales riesgos para el torneo, identificados por Simón, es el impacto del calor extremo sobre jugadores, aficionados e infraestructuras.
“Informes recientes alertan de que varias sedes podrían registrar episodios de estrés térmico potencialmente peligrosos, especialmente en ciudades como Miami, Dallas, Houston o Monterrey”, puntualiza.
Este contexto obliga a plantear opciones que hace pocos años parecían impensables como “jugar partidos en horarios nocturnos o la adaptación del calendario deportivo global a las condiciones climáticas” y preguntarse “si es sostenible mantener grandes competiciones en pleno verano”, advierte.
“El deporte empieza a descubrir algo que sectores como la energía, la banca o el seguro llevan años gestionando: que el cambio climático ha dejado de ser un problema reputacional futuro para convertirse en un riesgo económico y operativo directo”, afirma Sergi Simón.
Inteligencia artificial.
El Mundial 2026 marca un punto de inflexión en el uso masivo de inteligencia artificial (IA) aplicada al deporte y a la gestión de infraestructuras críticas, según este especialista.
Explica que “la FIFA ha anunciado el uso de herramientas basadas en IA para análisis táctico, arbitraje avanzado, generación de modelos 3D de jugadores y sistemas automatizados de apoyo a decisiones” y que “esta tecnología procesará millones de datos en tiempo real para analizar rendimiento deportivo, optimizar operaciones y mejorar la experiencia del espectador”.

EFE/ Francisco Guasco
“La IA va mucho más allá del terreno de juego, ya que los organizadores prevén un despliegue masivo de sistemas de videovigilancia inteligente, análisis predictivo de multitudes, reconocimiento de patrones y monitorización de amenazas digitales y físicas”, advierte este experto.
Para Sergi Simón, “este Mundial funciona como una demostración global de cómo la IA empieza a integrarse en la gestión de eventos masivos e infraestructuras críticas”.
Ciberseguridad y las amenazas híbridas.
La dimensión del Mundial 2026 y su impacto mediático mundial convierten automáticamente a este torneo en un objetivo prioritario de seguridad internacional, según este especialista en gestión de riesgos y sostenibilidad.
Añade que “Estados Unidos ha activado estructuras de coordinación antiterrorista e inteligencia, específicas para este evento, que incluyen equipos especializados en amenazas híbridas, ciberseguridad, drones y crimen organizado”.
Simón considera que, dado que el torneo se celebrará en un contexto internacional complejo, con conflictos geopolíticos abiertos, polarización política, desinformación digital y tensiones migratorias, “la seguridad no se limita a controles físicos y presencia policial e incorpora vigilancia aérea antidrones, inteligencia en tiempo real, monitorización de redes sociales y coordinación multinacional permanente”.
“El Mundial 2026 podría convertirse en uno de los eventos más securizados de la historia moderna. La seguridad no se juega solo en los estadios, sino además en los datos, las redes y la capacidad de anticipación”, apunta este asesor académico.
Influencia geopolítica.
“Los Mundiales de fútbol siempre han sido diplomacia, poder blando y proyección internacional, pero en 2026 esa dimensión política podría ser aún más visible”, señala Simón.
En un contexto de “relaciones internacionales que plantean interrogantes inéditos sobre asistencia institucional, restricciones migratorias, boicots simbólicos o tensiones diplomáticas entre países participantes”, este experto piensa que “el Mundial podría acabar reflejando, dentro y fuera de los estadios, muchas de las fracturas geopolíticas que ya atraviesan la economía global”.
Dependencia energética.
Simón considera que otro gran desafío es la enorme dependencia energética de un evento hiperconectado y digitalizado, ya que “estadios, retransmisiones, centros de datos, telecomunicaciones, climatización, movilidad y sistemas de seguridad requieren un suministro eléctrico continuo y extremadamente robusto”.
“Todo esto ocurre, además, en un contexto global de fuerte presión sobre las redes eléctricas y crecimiento acelerado de la demanda energética vinculada a centros de datos e inteligencia artificial”, enfatiza.
Añade que “el torneo obliga a gestionar picos masivos de consumo en múltiples ciudades simultáneamente”.
Explica que “muchas sedes han acelerado sus inversiones en resiliencia energética, sistemas de respaldo y digitalización de redes (eléctricas)” y recalca que “el verdadero riesgo ya no es solo quedarse sin luz en un estadio, sino que la hiperdependencia tecnológica convierta cualquier fallo energético en una crisis operativa global instantánea”.
Riesgos epidemiológicos.
“El Mundial 2026 también puede interpretarse como una prueba de estrés sanitaria a escala global”, apunta Simón en declaraciones a EFE.
“Aunque hoy no exista una amenaza pandémica comparable a la del COVID-19, el torneo reúne muchos de los factores que los expertos consideran críticos para la propagación de riesgos epidemiológicos: movilidad internacional masiva, concentración de población, eventos multitudinarios, presión sobre infraestructuras sanitarias locales, cadenas globales de suministro alimentario y condiciones climáticas extremas”, especifica.
“No hablamos necesariamente de una nueva pandemia, sino de una creciente vulnerabilidad sanitaria sistémica”, matiza.
“La pandemia de COVID nos enseñó que los riesgos sanitarios ya no son exclusivamente un problema de salud pública. Son riesgos económicos, logísticos, reputacionales y operativos”, destaca.
- “Un brote infeccioso, una intoxicación alimentaria masiva o una ola de calor extrema pueden afectar simultáneamente a la seguridad, al transporte, al turismo, a los seguros y a la continuidad operativa del evento”, concluye este asesor académico de EALDE Business School.
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