La ciencia de la pausa: el yoga como el antídoto del siglo XXI
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Redacción.

El yoga es una práctica ancestral que nació en la India hace más de 5.000 años dentro del hinduismo y se ha convertido en un deporte más dentro de los gimnasios.

Sus beneficios han conseguido que pase de ser un estilo de vida ligado a la cultura oriental a un recurso para una sociedad sumergida en el trabajo y el estrés.

Así, el yoga pasó a ser un deporte que prometía hacernos salir de la rutina, escapar del trabajo y, en definitiva, ser una de las soluciones del siglo XXI para la ansiedad y el estrés: la combinación de disciplina mental con ejercicio físico. 

Según Swamini Pramananda, directora del International Centre for Yoga Education and Research en Pondicherry (India), la palabra “Yoga” proviene del sánscrito baji “Yuj”, que quiere decir algo así como “unión” o incluso “reunión”:

esta práctica, entre muchos otros objetivos, representa no solo la meta (Purusha), sino también el camino hacia la meta (Prakrithi), según su artículo académico ‘The history of Yoga from ancient to modern times’.

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El nuevo método en una sociedad rápida.

En octubre de 2002, una joven Christy Turlington aparecía en la portada de la revista Vogue de una manera muy poco orgánica:

en forma de C, sujetando sus piernas para llevarlas hasta el cuello y con un gesto casi inmutable que mira hacia la cámara como si no le costase nada llevar a cabo esa postura.

Perfectamente maquillada, con un vestido satinado y sus collares, la supermodelo estadounidense fue la encargada de llevar a una de las revistas más importantes en el periodismo de moda y tendencias una práctica que comenzaba a hacerse conocida en occidente y que sonaba tan lejana como exótica para un mundo sumergido en el trabajo: el yoga.

Pero ¿qué significa que, a principios de siglo, revistas como Vogue o Time pusieran en portada a importantes modelos llevando a cabo esta nueva práctica de la que aún se sabía muy poco? Era, ni más ni menos, que el comienzo de la occidentalización del yoga.

Estados Unidos acababa de sufrir uno de sus episodios más traumáticos: los atentados del 11 de septiembre de 2001, y en un mundo asustado y confuso que había perdido el pulso contra la seguridad ciudadana, no quedaba otra receta que el yoga para volver a empezar de cero.

Según la revista Forbes, más de 500 millones de personas practican yoga en el mundo y el portal Modelos de Plan de Negocios cuenta que solamente en Estados Unidos entre 35 y 36 millones de personas lo practicaron activamente en 2025, con un crecimiento del 4.8% anual.

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EFE/ Isaac Fontana

¿Por qué practicar yoga?

En una entrevista para El Mundo, Mercedes de la Rosa, dueña del Zentro Urban Yoga en Madrid, explica que “tenemos más de 60.000 y 90.000 pensamientos diarios” dentro de los cuales un 80% suelen ser de poca calidad y nos generan “ruido mental”.

A ella el yoga le sirvió para poder calmar los momentos de crisis que sentimos a diario y que, en muchas ocasiones, vienen de situaciones que ni podemos controlar, de ahí la ansiedad.

“Comprendí que, cuando atraviesas una experiencia que te aleja de ese estado, sabes que existe un camino capaz de devolverte a esa plenitud, a esa alegría, a esa libertad que sentías en la infancia”, explica De la Rosa sobre su descubrimiento personal con tan solo 17 años.

A menudo podemos pensar que la meditación no va más allá de sentarse sobre una alfombrilla, poner música relajante de fondo y tratar de dejar la mente “en blanco”.

La experta en yoga explica que meditar es precisamente todo lo contrario: “Meditar no es poner la mente en blanco, es conocerla, como conoces a una persona, y aprender a convivir con ella”.

Los principales obstáculos para iniciarse en el yoga suelen ser los compromisos laborales y sociales, poca constancia haciendo ejercicio, pereza… Y son precisamente estos los indicadores ideales para comenzar a practicarlo.

Es importante tratar de encontrar un espacio y un horario adecuado a tu ritmo para poder comenzar a acercarnos a ese bienestar físico y mental.

Ramiro Calle, maestro de yoga pionero en traer esta práctica a España hace más de cincuenta años, cuenta en entrevista con EFE que estos ejercicios “ayudan a liberar la mente de conflictos, agitación y confusión, neurosis y desequilibrio, aportando visión clara, ecuanimidad, lucidez y serenidad”.

Por eso, en la gran mayoría de ocasiones, podemos llegar a encontrar un momento del día o la semana para dejar apartado el excesivo ritmo cotidiano en favor de nuestra salud.

Calle explica que “no se trata de poner la mente en blanco, sino de obtener lo mejor de ella y adiestrarla para que aprenda a concentrarse y sosegarse”, pero es que además también nos ayuda a entrenar la flexibilidad y la fuerza que pueden animarnos en todas las tareas físicas del día a día.

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Más allá de una moda comercial.

La cultura popular comenzó a ver un filón en este nuevo deporte y, como todos los ejercicios, tuvo una explosión internacional gracias a las películas, series y celebridades del momento.

Vivió en los últimos años una pequeña recesión en favor de otras prácticas como el crossfit, hasta que después de la pandemia del COVID-19 se retomó, de nuevo por una razón de encontrarse a uno mismo 

Sin embargo, esta práctica no debe desvirtuarse en favor de lo estético y la idea de alcanzar el bienestar inmediato.

Ramiro Calle comenzó a practicarlo con tan solo 15 años, cuando en España estaba aún muy lejos de convertirse en una moda y, tras años de experiencia confiesa que “toda enseñanza que se desliga de su fuente original pierde parte de significado y corre el riesgo de corromperse y falsearse por completo”.

Es por ello que su mercantilización puede convertirse en su mayor obstáculo para hacerle perder el significado original: “Como la corrupción alcanza todos los planos, pues en el yoga también hay gente corrupta, porque se mueven millones de dólares y euros y eso atrae a muchos falsarios o mercenarios del espíritu”, concluye el experto.

Para evitar todos estos riesgos, es importante conocer bien el significado de esta filosofía, leer, comprenderla y tener claro el objetivo.

Aun así, sigue siendo una práctica al alcance de todos los públicos y perfiles, de ahí que los momentos más decisivos para la política y la economía internacional marquen su popularidad, porque se necesita un respiro entre la información y los problemas que nos rodean, sobre todo en una era híperdigitalizada.

Los ritmos de trabajo rápidos, la carga de información diaria, los pensamientos que atacan a tu autoestima y la falta de tiempo son aliados perfectos para evitar comenzar a hacer yoga, pero están solamente a un paso de convertirse en los motivos principales para sumergirse en esta práctica.

  • Encontrar un espacio y un momento en la rutina solo son cuestión de organizarse y merece la pena si los beneficios que se obtienen ayudarán, no solo a tu mente, sino también a tu resistencia y bienestar físico.