La evolución del fútbol femenino en América Latina
EFE/André Coelho.




Redacción.

La Conmebol y la Concacaf femeninas son dos de las tres confederaciones con mayor inversión, selecciones latinoamericanas se clasifican en mundiales y varios países iberoamericanos exigen una regularización mínima de mujeres en sus ligas.

El fútbol femenino en América Latina vive una etapa de profesionalización y reconocimiento, pero no siempre ha sido así. E, incluso, la situación actual dista de ser idílica.

En 1895, el 23 de marzo, la activista Nettie Honeyball organizó en el estadio Crouch End el primer partido de fútbol femenino de la historia, disputado por mujeres inglesas.

Tras el encuentro, en Europa, llegó el interés por el fútbol femenino. Y, con él, las inhabilitaciones: Inglaterra revocó la oficialidad en 1921, Alemania lo prohibió entre 1941 y 1970 y Francia desde 1940 hasta 1970.

En América Latina, la evolución operó en el siglo XX, con disparidad entre los distintos países. De acuerdo con Joshua Nadel y Brenda Elsey en su monografía ‘Futbolera:

A history of women and sports in Latin America’ (2019), en las décadas de 1910 y 1920 las mujeres comenzaron a salir al campo y, para 1940, ya practicaban el deporte a lo largo del continente.

Las mujeres que jugaban, sin embargo, tuvieron que enfrentarse a discriminaciones y dificultades sociales:

En Argentina, donde despegó en la década de 1920, lo tacharon de “invasión” y en Chile, las jugadoras, que comenzaron en la década de 1950, fueron ridiculizadas, registra Claudia Yaneth Martínez Mina en ‘Historias y encrucijadas del fútbol femenino en América Latina’.

En Brasil, el juego femenino sí sufrió prohibiciones explícitas. De 1941 a 1979 el Decreto-Ley 3199 promulgado por el gobierno de Getúlio Vargas vetó la práctica del fútbol femenino, al considerarlo “incompatible con la naturaleza femenina”.

Las causas detrás del ostracismo, para Nadel y Elsey, fueron políticas:

“El fútbol femenino en Latinoamérica no fue simplemente ignorado. Los líderes nacionales intentaron suprimirlo".

"Las autoridades deportivas cerraron las opciones para que las mujeres practicaran este deporte con el apoyo de supuestos expertos en salud pública que afirmaban que el fútbol dañaba la capacidad reproductiva de las mujeres".

"La razón para prohibir el fútbol femenino tenía poco que ver con el juego en sí y mucho más con el significado del fútbol y la feminidad para las naciones latinoamericanas”.

La expansión en la década de 1980. 

Que el fútbol femenino fuese prohibido o silenciado, no implicó su eliminación, solo su práctica en otros espacios y condiciones.

En 1971 México celebró el conocido como “Mundial Femenil”, un torneo no oficial y sin el respaldo de la FIFA que reunió a selecciones de distintas partes del mundo.

La final entre Dinamarca y México congregó a 100.000 espectadores, demostrando la capacidad del fútbol femenino de generar interés masivo y llenar grandes superficies en una época donde era minimizado e, incluso, rechazado. 

La falta de oficialidad y el escaso apoyo de federaciones hizo que los efectos del torneo fuesen limitados, pero marcó un punto de inflexión en el avance del juego femenino que se vio reflejado en su expansión global en la década de 1980:

Alemania celebró en 1980 la primera Copa DFB femenina, en 1983 se inauguró la Copa de la Reina en España, y se disputó la primera Copa Europea de Fútbol Femenino entre 1982 y 1984. 

Por su parte, las futbolistas latinoamericanas comenzaron a demandar la oficialización en sus países. Por ejemplo:

“Durante la década de 1980 se formó la Asociación Argentina de Fútbol Femenino, aunque no fue hasta 1991 cuando se puso en pie un campeonato de equipos integrados por mujeres. En Chile clubes como Universidad de Chile y el Everton desarrollaron sus primeros equipos femeninos”, escribe Martínez Mina.

A nivel continental, desde 1991 comenzó a desarrollarse la Copa América Femenina, evidenciando los avances del deporte femenino.

En su primera edición participaron Brasil, Chile y Venezuela; en la de 1995, el número ascendió a cinco (Brasil, Argentina, Chile, Ecuador y Bolivia) y la de 1998 contó con las precedentes y con Colombia, Paraguay, Perú y Uruguay. 

La evolución del fútbol femenino en América Latina

EFE/Isaac Esquivel.

Situación actual.

En 2016 la Conmebol exigió a los clubes que tuvieran ramas femeninas para poder participar en la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana. Un año después, se produjo una explosión de equipos femeninos.

Y, aunque las situaciones varían entre los países, en el escenario actual América Latina cuenta con ligas estructuradas, organizadas en federaciones y adscritas a campeonatos.

México y Brasil tienen las ligas más profesionalizadas: las jugadoras firman contratos anuales, los clubes de la primera división masculina cuentan con homólogos femeninos y los partidos son emitidos en televisión. En el país norteamericano, el primer campeonato femenino profesional se fundó en 2017 y en Brasil se creó en 2013.

En Argentina, donde el fútbol femenino comenzó a profesionalizarse en 2019, la Asociación de Fútbol Argentino obliga a tener, al menos, quince jugadoras asalariadas y los principales clubes ceden los estadios al fútbol femenino.

Por otro lado, las jugadoras chilenas fundaron la Asociación Nacional de Jugadoras de Fútbol Femenino para luchar por sus derechos, visibilizar su trabajo y mejorar sus condiciones.

Y los resultados de las jugadoras colombianas hablan por sí solos: han disputado tres Copas Mundiales (2011, 2015 y 2023), fueron subcampeonas de la Copa América Femenina en 2025; participaron en los Juegos Olímpicos de 2012, 2016 y 2024, y lo harán en 2028; y, lograron el oro en los Juegos Panamericanos de 2018.

La evolución del fútbol femenino en América Latina

EFE/Miguel Sierra

El camino por recorrer.

La Copa Mundial femenina de la FIFA 2023 de Australia y Nueva Zelanda —Brasil acogerá la próxima edición en 2027— alcanzó una audiencia media de 25,7 millones de reproducciones, según Inside FIFA y, de acuerdo con el estudio ‘De infravaloradas a imparables’ (2025), el fútbol femenino entrará en el top 5 de deportes globales.

El cambio de perspectiva y el interés por el fútbol femenino son una realidad, aunque la igualdad deportiva en el continente americano no lo sea, siendo la situación de las jugadoras un reflejo de la desigualdad de género.

En los equipos femeninos, los patrocinios, la inversión y la cobertura mediática son reducidos, el 66% de las ligas no cuentan con salario mínimo y este es inferior en comparación con las masculinas, los equipos femeninos entrenan en instalaciones públicas o compartidas.

  • Solo hay un 16,3% de directoras técnicas a cargo de un primer equipo, el 21% de las jugadoras no disponen de seguro médico y el 54% de las jugadoras están vinculadas a clubes mediante acuerdos informales, según el ‘Tercer Informe de Evaluación de la FIFA de fútbol femenino’ y ‘Nosotras jugamos. Estudio Sudamericano de Fútbol Femenino’.

Dinámicas a las que se suman los estereotipos de género —persiste la percepción del fútbol como una actividad “masculina”, por ejemplo—, que actúan como barreras en la profesionalización tanto de las jugadoras, desvaloriza su juego y atenta contra futuras generaciones de niñas que quieran dedicarse al deporte