Adiós al #hashtag: el declive del símbolo rey de internet
Tras casi veinte años como el recurso predilecto para clasificar publicaciones, la clásica almohadilla se enfrenta a un desinterés técnico y estético en los entornos de trabajo digitales. Foto: Walls.Io (Pexels)




Redacción

Tras casi dos décadas de reinado desde su popularización en 2007, el uso de la famosa almohadilla pierde terreno ante el empuje de la Inteligencia Artificial semántica y el avance del Social SEO.

Un análisis de la consultora Socialinsider sobre 75 millones de publicaciones constata que la mayor tasa de interacción por impresión (un 3,41%) se obtiene utilizando únicamente entre tres y cuatro “hashtags”, desmitificando el beneficio de la acumulación de etiquetas.

La capacidad de la Inteligencia Artificial para transcribir audios, analizar píxeles y comprender textos de manera integral hace que la clasificación manual mediante la almohadilla resulte redundante para los motores de recomendación actuales.

Los usuarios interactúan hoy con las redes de forma muy similar a como lo hacen con Google Search, utilizando oraciones naturales y preguntas completas en lugar de limitarse a navegar de manera pasiva a través de “feeds” temáticos.

Adiós al #hashtag: el declive del símbolo rey de internet

La forma en que los internautas interactúan con sus pantallas ha cambiado: los mayores siguen utilizando el "hashtag" pero los jóvenes hacen búsquedas conversacionales. Foto: Alec Adriano (Pexels)

La postura de los gigantes tecnológicos

Este declive de la almohadilla no ocurre de forma casual ni discreta, cuenta con el impulso directo de los creadores y directivos de las principales plataformas del planeta. Uno de los primeros en hablar con claridad sobre este cambio de paradigma fue el máximo responsable de Instagram, Adam Mosseri.

A través de diversos encuentros virtuales con sus usuarios, Mosseri reconoció sin rodeos que estas etiquetas han perdido la influencia que tenían en el pasado para difundir contenidos, restándoles peso a la hora de ganar visibilidad.

En sus propias palabras, estos elementos son útiles para la “categorización, pero no para la distribución”. Asimismo, el directivo insistió a los creadores de contenido que “recurrir a ellos no alterará sustancialmente el alcance de sus publicaciones”.

A su vez, en X (la red social antes conocida como Twitter y donde este recurso alcanzó su popularidad histórica), su propietario, Elon Musk, ha capitaneado una cruzada tanto técnica como visual contra el símbolo.

En diciembre de 2024, Musk se dirigió a su comunidad con una petición directa: “Por favor, dejen de usar `hashtags´. El sistema ya no los necesita y quedan feos”.

Esta postura contraria a las etiquetas dio un paso definitivo en junio de 2025, cuando la plataforma prohibió su uso en los formatos publicitarios, calificándolos de “pesadilla estética”.

Adiós al #hashtag: el declive del símbolo rey de internet

Las búsquedas dentro de plataformas como Instagram se inclinan cada vez más hacia la identificación de palabras clave en el texto, restando peso a las tradicionales etiquetas para ganar visibilidad. Foto: Cottonbro Studio (Pexels)

Cuando menos es más

Durante más de una década, el sector del marketing digital funcionó bajo la premisa de que a mayor cantidad de etiquetas mayor sería también la repercusión del contenido. Sin embargo, el análisis de datos ha terminado por desmontar esta creencia.

Un estudio elaborado por la firma de analítica Socialinsider, tras examinar más de 75 millones de publicaciones de Instagram, confirmó que la cantidad de etiquetas añadidas a un post no incide de manera determinante en su nivel de alcance o en sus impresiones.

De hecho, el informe señala que la tasa de interacción (“engagement”) por impresión más elevada, fijada en un 3,41%, se dio en aquellos contenidos que empleaban tan solo entre tres y cuatro “hashtags”.

Esta tendencia se ha acentuado con el tiempo. Los expertos del sector advierten que recargar las descripciones con términos genéricos del tipo #love, #viral o #picoftheday es inútil frente a las pautas de los algoritmos actuales.

Además de restar credibilidad al perfil, este exceso satura visualmente al usuario y genera una sensación estética muy similar a la de las comunicaciones de correo no deseado o spam. De hecho, tanto Tiktok como Instagram permiten ahora un máximo de 5 “hashtags” por publicación.

El “Social SEO” y la búsqueda por intención

Los hábitos del usuario común también han experimentado un cambio notable. Ya no es habitual navegar por internet pulsando de manera pasiva en etiquetas o siguiendo hilos específicos de “hashtags” (una función, esta última, que Instagram acabó retirando de las pantallas de inicio de sus usuarios debido a su escaso uso).

Actualmente, las redes sociales operan de forma muy similar a motores de búsqueda como Google Search: quienes navegan introducen preguntas completas y expresiones naturales basadas en su intención de búsqueda real. Esta transformación en las dinámicas de uso ha consolidado el auge del Social SEO.

Bajo este panorama, los perfiles de marcas y los creadores que aspiran a ganar visibilidad ya no dedican su tiempo a buscar “etiquetas mágicas” con la esperanza de captar grandes audiencias: en su lugar, prefieren optimizar los textos de sus publicaciones de un modo más orgánico y fluido.

Tal y como explica la especialista Jade Beason, Instagram y otras redes evalúan ahora de manera global factores diversos, como el uso natural de palabras clave en el texto explicativo del autor o la información de su biografía, para clasificar el contenido con exactitud.

Ahora, la táctica dominante es elaborar descripciones detalladas y de carácter conversacional, integrando de forma lógica los términos de interés dentro de la redacción. Así, los pies de las publicaciones y los propios diálogos de los creadores son la nueva guía para el algoritmo.

Una práctica que no solo beneficia la visibilidad dentro de los buscadores internos de las propias aplicaciones, sino que además contribuye a que herramientas tradicionales como Google indexen estas publicaciones, facilitando que vídeos de las redes aparezcan de manera directa en los resultados de búsqueda generales en la web.

Adiós al #hashtag: el declive del símbolo rey de internet

Surgido para ordenar debates en la antigua Twitter desde 2007, el uso de este símbolo es hoy desaconsejado por la propia plataforma X bajo criterios de legibilidad y diseño. Foto: Jorge Urosa (Pexels)

El ocaso del control democrático sobre la información

Más allá de las implicaciones técnicas y comerciales, la retirada paulatina de la almohadilla plantea una transformación cultural profunda en el entorno digital. El lingüista Adam Aleksic apunta que, en su época de mayor esplendor, este símbolo encarnaba una suerte de control democrático de la información por parte de los propios internautas.

Se trataba de un metadato descentralizado que “no estaba controlado por una plataforma; fue creado por la gente, para la gente”. Cualquier persona tenía la capacidad de idear una etiqueta y, si el resto de la comunidad la asimilaba, se estructuraba un canal de comunicación directo y autogestionado que escapaba a las directrices de las compañías tecnológicas.

Bajo este modelo nacieron campañas de gran calado social. Sin embargo, en el escenario actual, la devaluación de estas etiquetas y el auge de los motores de recomendación gobernados por la Inteligencia Artificial devuelven a las corporaciones tecnológicas las riendas sobre qué contenido es visible y cuál no.

Ya no es el colectivo de usuarios el que decide bajo qué concepto se agrupa un debate o una idea: ahora es un algoritmo cerrado, una suerte de caja negra propietaria, la que determina la distribución de las publicaciones mediante una compleja segmentación de los intereses de cada persona.

  • De este modo, el símbolo “#” parece retornar a sus inicios. Aquel carácter que en los años sesenta del siglo pasado se incorporó a los teclados telefónicos como una discreta tecla de función técnica, para convertirse después y durante casi veinte años en la insignia de la cultura pop en internet, se retira lentamente de las pantallas.

Su presencia continuará de manera residual en la cobertura de acontecimientos en directo o en campañas de imagen corporativa muy concretas. Sin embargo, su ciclo dorado como dinamizador del descubrimiento de contenido y motor del alcance orgánico en el espacio digital parece haber concluido.

Por Nora Cifuentes.