OMS destaca importancia de vacuna para prevenir hepatitis B en recién nacidos
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Salud.

Las hepatitis virales son un conjunto de enfermedades infecciosas causadas por distintos virus que afectan al hígado, producen inflamación en este órgano y alteran su funcionamiento. Los tipos de hepatitis virales en humanos son: A, B, C, D y E.

Instituto de Salud Global Barcelona alerta sobre hepatitis B y C

“Desde el punto de vista epidemiológico, las hepatitis virales constituyen un problema de salud pública. La carga de enfermedad se concentra principalmente en las hepatitis B y C, responsables de la mayoría de los casos de cirrosis y cáncer hepático”.

Detallan los especialistas del Instituto de Salud Global de Barcelona.

Tanto el virus B como el C pueden causar una infección aguda, de corta duración, o crónica y que puede llegar a ser mortal. Desde 2014, la hepatitis C se puede curar gracias a los antivirales de acción directa.

Hasta entonces, el tratamiento se basaba en interferón y ribavirina (el interferón estimula el sistema inmune y la ribavirina frena la multiplicación del virus). El proceso era largo, de hasta 48 semanas, con efectos secundarios severos y una tasa de éxito baja.

Por este motivo, los antivirales de acción directa, que curan la enfermedad en más del 95% de los casos, han supuesto un hito de la medicina moderna.

Estos fármacos eliminan el virus que está circulando en la sangre, es decir, consiguen que la carga viral no sea detectable. A los pacientes se les mide la carga viral durante el tratamiento y también al finalizar el mismo.

El examen debe realizarse al menos 12 semanas después de haber finalizado la toma de la medicación y puede repetirse algunos meses más tarde para confirmar el resultado.

OMS destaca importancia de vacuna para prevenir hepatitis B en recién nacidos

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Avances y desafíos en el tratamiento de hepatitis B

En cambio, no existe a día de hoy un tratamiento curativo para la hepatitis B. Esta enfermedad “constituye un importante problema de salud mundial”, destaca la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Cuando el virus causante de la hepatitis B entra en el organismo provoca una infección aguda, que se cura en la mayoría de los casos. Pero si esto no sucede, la hepatitis se convierte en una enfermedad crónica, que causa daños significativos en el hígado como cirrosis y cáncer.

“La hepatitis aguda puede no producir ningún síntoma y pasar desapercibida para el enfermo. En otras ocasiones pueden existir síntomas inespecíficos como malestar general, cansancio o náuseas

...En algunos casos se desarrolla ictericia, es decir, pigmentación amarilla de la piel y las mucosas, que se acompaña de orinas de color oscuro (coluria) y deposiciones blancas o amarillentas (acolia)”, explican los especialistas de la Clínica Universidad de Navarra.

“Las hepatitis crónicas también se caracterizan por producir muy pocos síntomas. De hecho, en muchas ocasiones, se diagnostican de forma casual al realizar análisis por otros motivos. Cuando existen síntomas, los más frecuentes son cansancio, molestias leves o inespecíficas en el lado derecho del abdomen o trastornos leves de la digestión”, añaden.

La hepatitis B se transmite por contacto con sangre de personas infectadas, lo que puede ocurrir al compartir jeringuillas entre personas que se inyectan drogas. También se contagia a través de las relaciones sexuales. Además, una madre infectada puede transmitirle el virus a su bebé durante el embarazo o el parto.

Existe una vacuna que previene la hepatitis B. “La primera dosis se debe administrar a todos los bebés lo antes posible después del nacimiento, en un plazo máximo de 24 horas. Posteriormente, deben administrarse dos o tres dosis más, con un intervalo de al menos cuatro semanas entre ellas. Por lo general, cuando se completa la pauta de tres dosis, no se necesitan dosis de refuerzo. La vacuna protege contra la hepatitis B durante al menos 20 años y, probablemente, de por vida”, subraya la OMS.

En cuanto al tratamiento, es importante saber que la hepatitis B aguda no se trata. Si se detecta, se sigue su evolución para evitar complicaciones y valorar su posible cronificación.

En el caso de que se convierta en crónica, es necesario que el especialista realice un seguimiento debido al potencial desarrollo de cirrosis. El tratamiento de la hepatitis B crónica consiste fundamentalmente en la administración de medicamentos antivirales.

Estos fármacos “ralentizan o detienen el virus de la hepatitis B, lo que reduce la inflamación y el daño hepático.”, detalla la Fundación contra la Hepatitis B, una organización sin ánimo de lucro con sede en Estados Unidos. Pero, aunque reducen la carga viral y frenan el daño en el hígado, los tratamientos actuales no curan la enfermedad.

Un nuevo fármaco que se encuentra en fase de investigación ha mostrado tasas significativas de curación funcional.

La curación funcional se produce cuando el ADN del virus de la hepatitis B y el antígeno de superficie de dicho virus son indetectables en la sangre al menos seis meses después de suspender todo el tratamiento. Esto indica que el sistema inmune puede controlar la enfermedad sin medicación.

Se están llevando a cabo diferentes ensayos clínicos con este fármaco, denominado Bepirovirsen, de la compañía biofarmacéutica GSK.

Los estudios B-Well, que prueban Bepirovirsen en personas con hepatitis B crónica que ya están tomando medicamentos antivirales estándar, muestran una curación funcional del 19% en la población total del estudio y del 26% en pacientes que tenían menor actividad viral. No hubo ningún caso de curación funcional entre quienes tomaban solamente el tratamiento estándar.

Los tratamientos actuales contra la hepatitis B crónica también pueden conseguir la curación funcional, pero esto es muy poco frecuente. De hecho, ocurre en menos del 1% de los casos.

“La hepatitis B crónica afecta a más de 240 millones de personas en todo el mundo y representa más de la mitad de los casos de cáncer de hígado a nivel mundial

...Por primera vez, Bepirovirsen ofrece la posibilidad de lograr tasas de curación funcional significativamente mejores que el tratamiento estándar actual y el potencial de reducir el riesgo de complicaciones hepáticas a largo plazo, incluido el cáncer”, declara Tony Wood, director científico de GSK.