Canadá.
En la época romana, las palomas mensajeras se utilizaban para llevar a distintos lugares los resultados de eventos deportivos como los Juegos Olímpicos, y durante la Primera Guerra Mundial estas aves ayudaron a salvar ciento de miles de vidas al transportar mensajes a través de las líneas enemigas.
Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia Británica (UBC) en Vancouver (Canadá), ha encomendado una nueva tarea —ayudar a optimizar la visión artificial de los drones y robots— a estas aves que conviven con los seres humanos desde hace miles de años y son consideradas como uno de los animales domesticados desde más antiguo.
La peculiar mirada de las mensajeras
Entre otros hallazgos, los científicos de la UBC descubrieron que contrariamente a lo que se suele creer, las palomas no mantienen su mirada fija durante el vuelo.
En vez de apuntar su mirada en una única dirección al volar, estas aves “realizan movimientos oculares lentos y sutiles que les aportan más información sobre su entorno”, explican los autores de la investigación, los doctores Anthony Lapsansky, que realizó este estudio becario postdoctoral en la UBC, y Doug Altshuler, profesor de Zoología en esta universidad canadiense.
“Las palomas son un buen modelo para investigar la visión animal y el vuelo autónomo, porque son representativas de muchas aves”, explica el doctor Altshuler.
Señala que, al estar ubicados a los lados de la cabeza, los ojos de las aves tienen “una visión casi panorámica del mundo”.

Foto: EFE
Aves que saben orientarse y volver
Además, “las palomas son fáciles de manejar y entrenar, y saben volar de regreso a casa, así que no hay que preocuparse porque puedan perderse o no regresar al punto de partida”, añade.
Respecto de cómo surgió la idea de improvisar un sistema para rastrear el vuelo de las palomas, el doctor Lapsansky señala que antes de ir a la universidad, trabajó en cetrería (caza de especies voladoras o de tierra mediante aves rapaces entrenadas, como halcones o azores), por lo que estaba familiarizado con las capuchas que se colocan a las aves de presa en esta actividad.
Aprovechando esos conocimientos, Lapsansky confeccionó capuchas de diferentes tamaños para sujetar una pequeña cámara a la cabeza de las palomas, junto con pequeñas mochilas para trasladar el resto del equipo electrónico sobre su región dorsal (manto), y las probó en las aves hasta que encontró la versión que les quedaba perfecta.
El sistema completo (cámara, capucha, mochila, electrónica) pesa solo 27 gramos e incluye un ordenador en miniatura, de aproximadamente la mitad del tamaño de una tarjeta de crédito; una pequeña videocámara comercial modificada, una unidad de medición de movimiento y orientación, y cables y una cinta aislante especial que reduce la estática durante el vuelo.
Los investigadores de la UBC efectuaron su experimento con una bandada de 16 palomas. Colocaron cámaras y mochilas a dos palomas cada vez y las soltaban para que emprendieran vuelo.
A la mitad de las aves se les adosaron equipos funcionales, mientras que la otra mitad llevó equipos de imitación.
Lapsansky y Altshuler soltaban a las palomas para que volaran siguiendo una ruta conocida y una vez que las aves regresaban al punto de partida, el doctor Lapsansky las trasladaba a su casa en su propia camioneta para recoger las grabaciones registradas por las cámaras durante el vuelo.
“Mucha gente suponía que las aves como las palomas, con los ojos a los lados de su cabeza, mantendrían los ojos quietos durante el vuelo. En cambio, observamos que presentan movimientos oculares muy sutiles y lentos mientras vuelan”.
Explica el doctor Lapsansky.
Cuando están el aire, estas aves no fijan su mirada, sino que efectúan pequeños movimientos oculares, que compensan los cambios de posición de sus ojos derivados del movimiento de su cuerpo al volar.
Posiblemente hacen esto para percibir detalles más finos o características de su entorno que les ayuden a orientarse, de acuerdo con los investigadores.
Lapsansky y Altshuler también descubrieron que las palomas giran ambos ojos hacia adentro al posarse en una rama.
Esto podría permitirles una visión estereoscópica, es decir, fusionar las dos imágenes ligeramente diferentes que recibe de cada ojo, generando una única imagen tridimensional con una percepción de profundidad y relieve, según explican.
Hasta ahora, esta capacidad, también denominada estereopsis solo se había observado en unas pocas aves rapaces, que tienen sus ojos situados en la parte frontal de la cabeza, aseguran.
Respecto de cómo pueden estos hallazgos aportar información para mejorar la visión artificial durante de dispositivos robóticos voladores, explican que “muchos robots y drones llevan una cámara rígida y, a medida que vuelan, el movimiento visual que capta su cámara le indica a qué velocidad se desplazan, en qué dirección y si van a chocar o no con un objeto”.
“Las aves utilizan la visión para realizar estas mismas funciones, pero también mueven sus ‘cámaras’ naturales, es decir sus ojos, pueden obtener aún más información del entorno”, apuntan.
Lapsansky y Altshuler consideran que “se podrían utilizar las estrategias visuales de las palomas para que la visión de los robots o drones voladores se asemejen más a la de estas aves, y así disponer de una mayor habilidad para navegar en entornos complejos y lograr un vuelo verdaderamente autónomo”.

Foto: EFE
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