Autlán, Jalisco
La comunidad de Ahuacapán, en Autlán de Navarro, alberga 25 especies de colibríes, más del 40 por ciento de las registradas en México. Esta riqueza biológica es el eje del Sexto Festival del Colibrí, que reúne investigación científica, conservación ambiental y expresiones artísticas para reconocer la importancia de estas aves en los ecosistemas de la Sierra de Manantlán.
Con la participación de habitantes, investigadores, instituciones ambientales, estudiantes y visitantes, este jueves 15 de octubre fue inaugurada la sexta edición del festival, que durante tres días contempla talleres, exposiciones, observación de aves y actividades culturales.
La celebración, impulsada desde sus primeras ediciones por la comunidad y especialistas del Centro Universitario de la Costa Sur de la Universidad de Guadalajara, busca acercar el conocimiento científico a la población y promover la protección del patrimonio natural de Ahuacapán.
Una comunidad que alberga más del 40 por ciento de las especies de colibríes de México
La doctora Sarahy Contreras-Martínez, investigadora del CU Costa Sur y una de las impulsoras del festival, explicó que las investigaciones realizadas en la zona han permitido documentar la presencia de 25 especies de colibríes, de las entre 57 y 59 reconocidas en territorio mexicano.
«Como ciencia de parte de la universidad que generamos la ciencia, sabemos que esta tierra es lugar de colibríes, donde tenemos 25 especies de las 57 a 59 que hay en nuestro país. Representan más de 40 por ciento», señaló.
Entre las especies presentes destaca el colibrí rufo (Selasphorus rufus), un ave migratoria que recorre más de seis mil kilómetros desde sus zonas de reproducción en Alaska, Canadá y el norte de Estados Unidos.
De acuerdo con Contreras-Martínez, los bosques de la Sierra de Manantlán ofrecen alimento y refugio a estas aves durante su estancia invernal. La investigadora explicó que algunas permanecen varios meses en la región, donde encuentran las condiciones necesarias para renovar su plumaje antes de emprender el viaje de regreso.
La especialista subrayó que conservar estos hábitats resulta fundamental, no solamente para las aves migratorias, sino también para las especies residentes que participan en la polinización de distintas plantas.
Conservación y aprovechamiento forestal comunitario
Durante la inauguración, Carlos Alberto Gallegos Solórzano, director de la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán, destacó que Ahuacapán representa un ejemplo de aprovechamiento sostenible de los recursos naturales.
«Ahuacapán es un modelo como ejido, ya que lleva a cabo un aprovechamiento sostenible de los recursos naturales», afirmó.
El funcionario explicó que la comunidad cuenta con aprovechamiento forestal certificado y que parte de su infraestructura comunitaria ha sido construida con recursos derivados de esta actividad.
También destacó la importancia de mantener las condiciones ambientales de la reserva, tanto para la conservación de los colibríes como para las demás especies que dependen de sus ecosistemas.
Como parte de esta edición, se develó una placa conmemorativa que reconoce a Ahuacapán como tierra de colibríes, una denominación sustentada en los registros científicos de estas aves en la localidad.
El zumbador mexicano, representado en una escultura de parota
La relación entre ciencia y cultura también estuvo presente mediante la develación de una escultura elaborada por el artista Hram Villaseñor, inspirada en el zumbador mexicano (Selasphorus elisae), una de las especies de colibríes más pequeñas del país y presente en las zonas montañosas de la región.
La obra fue tallada en un tronco de parota, cuya cavidad natural fue aprovechada por el escultor para representar un nido mediante una composición en espiral. En la parte posterior incorporó una flor de salvia, planta que proporciona alimento a estas aves.
«Se me ocurrió hacer esta parte de espiral, pues como un nido, y habla de eso, de volver al nido, de que el colibrí es como un ciclo de la vida», explicó Villaseñor.
La pieza combina técnicas de talla manual y herramientas eléctricas, además de pigmentos que reproducen las características del ave. Su superficie fue protegida con un recubrimiento destinado a reducir los efectos de la exposición al sol y la humedad.
Para el escultor, quien mantiene un vínculo personal con Ahuacapán desde su juventud, la obra también representa una manera de regresar a la comunidad y dejar testimonio de su relación con el territorio.
Un festival que vincula a la comunidad con la conservación
En esta sexta edición, el Ayuntamiento de Autlán informó que aprobó una partida especial para apoyar la realización del festival, mientras que instituciones como el CU Costa Sur, la dirección de la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán y la Junta Intermunicipal de Medio Ambiente de la Cuenca Baja del Río Ayuquila participan en su organización.
La programación incluye actividades dirigidas especialmente a niñas, niños y jóvenes, con el propósito de acercarlos al conocimiento de las especies y los ecosistemas de su comunidad.
Así, el Festival del Colibrí de Ahuacapán reúne tres dimensiones de un mismo territorio: la diversidad biológica documentada por la ciencia, el aprovechamiento comunitario de los recursos naturales y las expresiones culturales que recuperan la relación de sus habitantes con la Sierra de Manantlán.
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