Semana de las Cuerdas 2026: Gisela Bastidas comparte claves para cuidar violines, violas, chelos y contrabajos
El Oficio de la Reina: Gisela Bastidas, lauderaImagen: Aldo Camarena




Guadalajara, Jalisco.

La laudera y violonchelista Gisela Bastidas impartió una conferencia sobre mantenimiento, prevención de daños y adaptación de los instrumentos de cuerda, como parte de las actividades formativas del Festival Semana de las Cuerdas 2026, encuentro de música académica organizado por la Orquesta Solistas de América.

Un instrumento puede dificultar la ejecución no solamente por sus características de fabricación, sino también por el desgaste de sus piezas, una mala adaptación de los accesorios o la falta de mantenimiento. Por ello, aprender a observarlo y reconocer sus cambios forma parte de la formación de todo músico.

Esta fue una de las principales ideas desarrolladas por la laudera y violonchelista Gisela Bastidas durante la tercera conferencia del Festival Semana de las Cuerdas 2026, encuentro organizado por la Orquesta Solistas de América, la Universidad Panamericana y la Universidad de Guadalajara.

Ante estudiantes de violín, viola, violonchelo y contrabajo, la Reina explicó que el cuidado del instrumento no debe comenzar cuando aparece una fractura o un problema grave. La revisión cotidiana permite detectar alteraciones en el puente, las clavijas, el alma, las cuerdas y otros componentes antes de que afecten la comodidad del músico o la calidad del sonido.

Cada instrumento necesita una revisión particular

Durante la conferencia, Gisela Bastidas señaló que no existen soluciones idénticas para todos los músicos. Accesorios como la mentonera y la hombrera deben elegirse de acuerdo con la anatomía, las necesidades físicas y la manera de tocar de cada persona.

Una mentonera inadecuada puede obligar al músico a flexionar demasiado el cuello o a mantener una postura incómoda. De la misma manera, una hombrera puede ser necesaria para algunas personas y prescindible para otras.

La especialista destacó que estas decisiones deben buscar una ejecución más cómoda y evitar tensiones innecesarias, especialmente en músicos que han sufrido lesiones o cirugías en el cuello, los hombros o los brazos.

También recomendó revisar que la mentonera no tenga contacto directo con el cordal, pues cualquier pieza que obstaculice la vibración del instrumento puede modificar su respuesta sonora.

Puente, cuerdas y afinadores también modifican el sonido

Otro de los temas centrales fue el funcionamiento del puente. La destacada laudera aclamada por los estudiantes advirtió que una aparente altura excesiva de las cuerdas no siempre se resuelve recortando esta pieza, pues el problema puede encontrarse en la curvatura o inclinación del diapasón.

Modificar el puente sin un diagnóstico completo puede generar nuevas dificultades. Por esta razón, recomendó consultar a una persona especializada antes de realizar ajustes.

La laudera también explicó que los afinadores deben colocarse de forma que no entren en contacto con la tapa del instrumento. Un afinador demasiado largo o mal ajustado puede reducir el espacio entre el cordal y el puente, interferir con la vibración y cambiar la respuesta sonora.

En el caso de las cuerdas, recordó que pierden sus propiedades con el uso y el paso del tiempo. Además, una cuerda nueva puede dañarse rápidamente si se coloca sobre una ranura demasiado profunda o desgastada.

Para proteger las cuerdas más delgadas, recomendó revisar el puente y, cuando sea necesario, colocar una pequeña protección de pergamino en la zona de contacto.

Conocer el instrumento permite detectar cambios

Uno de los consejos reiterados durante la conferencia fue aprender a reconocer el sonido y el comportamiento habitual del instrumento.

“Cada pequeño movimiento” puede producir una variación, explicó Gisela. Por eso, después de ajustar el puente o el alma, el músico debe probar el instrumento durante varios días y regresar posteriormente al taller para evaluar su evolución.

El instrumento cambia cuando comienza a vibrar bajo condiciones distintas. Una corrección inicial puede necesitar ajustes posteriores, una vez que las piezas se han asentado y el músico ha retomado su práctica cotidiana.

Esta observación constante también ayuda a identificar si una cuerda está vencida, si las clavijas han dejado de funcionar correctamente o si el puente comienza a inclinarse.

La humedad, un riesgo para los instrumentos de cuerda

Bastidas dedicó una parte importante de su participación a los cambios de humedad, una de las principales causas de fracturas, aperturas y deformaciones en instrumentos de madera.

Advirtió que las condiciones secas de Guadalajara pueden representar un riesgo, especialmente cuando el instrumento permanece fuera de su estuche durante largos periodos.

La recomendación fue clara: después de tocar, el instrumento debe limpiarse y guardarse. Incluso una pausa breve para comer, descansar o salir de la habitación puede ser suficiente para exponerlo a un cambio brusco de temperatura o humedad.

También aconsejó utilizar medidores de humedad dentro de los espacios de estudio o de almacenamiento, además de humidificadores especiales para instrumentos cuando las condiciones lo requieran.

Las aperturas en las costillas, las uniones o la tapa deben atenderse desde sus primeras manifestaciones. Dejar pasar una pequeña separación puede convertir una reparación sencilla en una restauración mayor.

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El oficio de la Reina: Aldo Camarena

El barniz no debe tocarse innecesariamente

La limpieza y la manera de sujetar el instrumento también forman parte de su conservación

La Reina explicó que los violines, violas y violonchelos hechos a mano suelen utilizar barnices delicados. Tocarlos continuamente con las manos puede dejar grasa, humedad y marcas que con el tiempo deterioran su superficie.

Por ello, recomendó sostener el instrumento por el mango, la base o las zonas diseñadas para su manipulación, evitando sujetarlo directamente por las partes barnizadas.

Al terminar de tocar, es necesario retirar cuidadosamente los residuos de brea que quedan sobre las cuerdas y la tapa. Esta limpieza debe realizarse con un paño adecuado y sin aplicar sustancias que puedan reaccionar con el barniz.

La especialista también sugirió limpiar y aspirar periódicamente el interior de los estuches, debido a que pueden acumular polvo o albergar insectos capaces de dañar la madera, las cerdas del arco y otros materiales.

Reparar antes de que el daño avance

A lo largo de la conferencia, Gisela Bastidas presentó diferentes casos de restauración: instrumentos fracturados por caídas, daños durante traslados, aperturas provocadas por la sequedad y afectaciones causadas por insectos.

Uno de los casos fue el de un violín de Mi Bici que quedó severamente destruido después de que una persona se sentó accidentalmente sobre él. Aunque otros especialistas consideraron sustituir completamente la tapa, Bastidas decidió conservar y restaurar sus piezas originales.

El proceso requirió refuerzos internos, moldes, trabajo sobre la barra armónica, tratamiento del barniz y seguimiento posterior. El instrumento pudo regresar a manos del músico y continúa siendo utilizado.

El ejemplo permitió mostrar que una restauración puede recuperar instrumentos que parecen irrecuperables, aunque también evidenció el tiempo, la especialización y los recursos que requiere este tipo de intervención.

La mejor medida, subrayó, sigue siendo la prevención.

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El Oficio de la Reina: Aldo Camarena

Sin relojes ni accesorios al tocar

Entre las recomendaciones prácticas para violonchelistas y contrabajistas, Bastidas pidió evitar relojes, pulseras, hebillas o accesorios metálicos durante la ejecución.

El contacto constante de estos objetos con los bordes, las costillas o la tapa puede provocar rayones y desgaste. En su lugar, cuando se requiera protección o apoyo, deben utilizarse materiales suaves que no dañen la superficie.

También llamó a profesores e instructores a supervisar estos hábitos entre los estudiantes más jóvenes, pues el cuidado del instrumento debe formar parte de la enseñanza musical desde las primeras etapas.

“El instrumento es un ente con vida”

Al concluir su conferencia, Gisela Bastidas invitó a los participantes de la Semana de las Cuerdas a valorar los instrumentos con los que comienzan su formación, independientemente de su precio o procedencia.

“El instrumento es un ente con vida, y su vida tiene sentido cuando es tocado”, expresó.

La laudera pidió no descalificar un instrumento solamente por su costo ni aceptar que otros determinen que no puede formar parte de una orquesta o de un ensamble. Aunque con el tiempo un músico puede buscar un instrumento de mayor calidad, el que posee en cada etapa debe ser cuidado, respetado y aprovechado.

“Músico e instrumento hacen un equipo capaz de transmitir belleza y emociones”, agregó.

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Imagen: Aldo Camarena

Formación integral en la Semana de las Cuerdas 2026

La participación de Gisela Bastidas formó parte del programa académico del Festival Semana de las Cuerdas 2026, que reúne a estudiantes, docentes, intérpretes y especialistas alrededor de la práctica orquestal, la música de cámara y el perfeccionamiento técnico.

Además de clases, ensayos, recitales y conferencias, el festival incorporó un taller de revisión en el que cerca de 40 participantes pudieron recibir orientación sobre el estado de sus instrumentos.

Este acompañamiento permitió atender problemas de afinación, comodidad, altura de cuerdas, funcionamiento de clavijas y ubicación del puente, además de acercar a los jóvenes músicos al trabajo especializado de la laudería.

Con estas actividades, la Semana de las Cuerdas amplía la formación más allá de la interpretación: enseña a los participantes a escuchar, conocer y preservar la herramienta con la que construyen su sonido.


Antonio Díaz