Lazos literarios entre China y América Latina: un vivo ejemplo del aprendizaje mutuo entre civilizaciones
Imagen Ilustrativa de Pexels/ Manta paopao




Beijing.

En la histórica Casa Calise de Buenos Aires, la emblemática arquitectura se mezcla hoy con el aroma a tinta de miles de páginas en caracteres chinos. Hace apenas medio mes, este palacio vio nacer a Gran Muralla, la primera gran librería china en Argentina.

Al otro lado del Pacífico, a principios de junio, el Instituto Cervantes de Beijing celebrará la reubicación de Mil Gotas, la librería pionera de obras en español en China

A pesar de la vasta distancia geográfica, estas dos aperturas reflejan un fenómeno innegable: el interés mutuo por la literatura de la otra orilla es cada vez más vigoroso.

Tal sintonía cultural se nutre del puente invisible tendido por los traductores.

Por estos días, uno de ellos, el reconocido Fan Ye, profesor adjunto del Departamento de Español de la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de Beijing y célebre por dar voz en chino a figuras como Gabriel García Márquez y Julio Cortázar, acaba de concluir una antología del mexicano Octavio Paz.

Para Fan, en este diálogo literario transoceánico opera un lazo casi mágico. Al traducir "No me preguntes cómo pasa el tiempo", de José Emilio Pacheco, descubrió que el título y el epígrafe provenían de un poema chino poco conocido de la dinastía Tang, traducido al español a comienzos del siglo XX.

Y después, aquellos versos adoptados por el poeta mexicano regresan a su hogar original en China gracias a su labor. 

Como un reflejo inverso de esa misma fascinación, las letras latinoamericanas sembraron sus propias semillas en el suelo del país asiático.

Esta corriente, que irrumpió con fuerza en los años ochenta del siglo XX, marcó profundamente la trayectoria y la creación de grandes autores nacionales, como Mo Yan o Yu Hua. Pero este impacto no se limita a los escritores, sino que se extiende y se renueva en los lectores de las nuevas generaciones.

"Hoy hay jóvenes que devoran la obra completa de Roberto Bolaño y encuentran en sus páginas un refugio en momentos de crisis personal", detalla Fan.

Y es que, en última instancia, el impacto más notable de este intercambio va más allá de las letras y reside en la gratitud humana más pura. Fan recuerda con emoción un viaje a Bogotá, donde dictó una conferencia sobre García Márquez.

Al terminar, lectores locales totalmente desconocidos se le acercaron conmovidos: uno le regaló una moneda conmemorativa de "Macondo" y otra le llevó un dulce de guayaba casero, solo para agradecerle por traducir su cultura.

Para el académico, este entendimiento a través del universo literario es la base de cualquier lazo duradero, pues "si se conocen los clásicos culturales y la historia de un país, la comunicación se vuelve mucho más natural y profunda".

Por ello, subraya que, para comprender verdaderamente a la América Latina contemporánea, a su sociedad y su carácter nacional, "es imprescindible adentrarse en la literatura que ha marcado su tierra".

Este viaje literario de ida y vuelta tiene su reflejo exacto en la experiencia de Guillermo Bravo, escritor argentino, profesor de literatura latinoamericana y fundador de Mil Gotas, quien reside en Beijing desde 2012.

"China entrelaza el porvenir de la alta tecnología con el misticismo de su historia", relata y añade una paradoja fascinante: "A medida que China representa más el futuro, su historia se revaloriza y vale mucho más".

Si bien el país ya se ha hecho un espacio en el imaginario latinoamericano a través del comercio, Bravo busca que sean ahora los narradores chinos quienes echen raíces en esas tierras, emulando el hito de los grandes del tan recordado "Boom" de la región.

Como parte de este esfuerzo, su editorial Mil Gotas ya ha publicado 50 títulos de literatura china contemporánea traducidos al español, con especial éxito en las novelas de autoría femenina.

  • Por otra parte, desde 2024, la Editorial de Escritores de China, junto con la sociedad de literatura española y portuguesa de la Asociación China de Literatura Extranjera, ha iniciado una ambiciosa "nueva colección de literatura latinoamericana", cuyos propósitos son reeditar obras clásicas que llevan muchos años sin editarse, complementar otras descatalogadas y visibilizar a autores contemporáneos clave. Coordinada por académicos como Fan Ye, ya cuenta con 15 obras publicadas y unas 40 en edición.

Según Fan, el proyecto congrega prácticamente a la totalidad de los talentos más destacados de la traducción hispanohablante en el país, e incluye también, aunque en menor medida, a sobresalientes expertos del portugués.

En el plano institucional, en la IV Reunión Ministerial del Foro China-CELAC de 2025 se pusieron en marcha cinco programas de cooperación orientados a fortalecer la comunidad de futuro compartido entre ambas regiones.

Asimismo, el tercer "Documento sobre la política de China hacia América Latina y el Caribe", publicado ese mismo año, detalla las propuestas para adoptar en una fase siguiente en más de 40 áreas y, en su capítulo dedicado al programa de civilizaciones, resalta precisamente el apoyo a la traducción recíproca de libros clásicos.

Paralelamente, en el ámbito práctico, el panorama de la traducción literaria también está mostrando una fisonomía renovada. Hoy en día, no se limita a docentes o investigadores, pues ha emergido una generación de jóvenes con diversos trasfondos laborales, entre ellos traductores autónomos o profesionales de sectores completamente ajenos a las letras.

Frente al auge de la inteligencia artificial, Fan considera que la literatura es la ciencia del ser humano, un territorio de subjetividad y emociones donde esta tecnología nunca sustituirá al latido de la vida. 

"La inteligencia artificial puede ser un diccionario personalizado que te ofrece rimas o sinónimos inesperados, pero carece de esa 'sensación de persona viva' requerida por la traducción literaria", opina el maestro chino.

Aunque los especialistas coinciden en que aún queda camino por recorrer para que el gran público latinoamericano conozca a fondo las letras chinas, esfuerzos como los mencionados representan, en palabras de Bravo, ese "granito de arena" necesario para estrechar los lazos.

Como prueba del alcance de estos vínculos, Fan evoca una experiencia del poeta argentino Juan Gelman, quien confesaba no sentir a veces como contemporáneos a los hombres con quienes se cruzaba en Buenos Aires o París.

Sin embargo, al leer un remoto poema chino de hacía miles de años -sobre un pastor que, en la distancia, en una noche nevada, lograba escuchar el rumor del peine en el cabello de su amada-, descubría que ellos sí lo eran.

"Ese es el verdadero milagro de la literatura", concluye Fan, "su capacidad única para disolver distancias, idiomas y culturas, y conectarnos en lo más humano".