El Grullo, Jalisco.
El Centro de Aprendizaje para la Sostenibilidad Aplicada integra el arte como método de enseñanza ambiental. Bajo el concepto Residuarte, los residuos se transforman en materiales expresivos. Vidrio, cartón, madera, metal y fibras vegetales se convierten en esculturas, títeres y escenografías. La consigna: ningún objeto pierde valor mientras conserve utilidad estética o pedagógica.
El artesano Salvador Villa produce mosaicos con fragmentos de vidrio recuperado. Cada pieza se realiza sin pigmentos artificiales, respetando el color original del material. Los trozos se calientan, se enfrían en agua y se ensamblan en nuevas formas. La técnica simboliza la recomposición de lo que la sociedad desecha. Otras obras combinan ramas secas, semillas y elementos orgánicos. Este trabajo artesanal demuestra que el reciclaje también puede generar valor económico, convirtiéndose en fuente de ingreso familiar.
“Miren, esta obra fue realizada con vidrio quebrado. Todos los vidrios conservan su color original; el rojo es muy difícil de conseguir. Entonces lo hicimos a partir de quebrar el vidrio: hay que calentarlo y después sumergirlo en agua helada para que se quiebre y luego poder hacer los pedacitos. Al convertirlo en trocitos, después hay que colarlo para que queden en diferentes dimensiones, y a partir de ahí se empieza a elaborar la figura que uno quiera.
En este caso hicimos una combinación de materiales reciclados, ¿verdad?, en este caso vidrio. Y también utilizamos naturaleza muerta: ramitas secas que nos encontramos, unas piñitas. Todo esto ayuda a darle un atractivo a las obras. Nos demuestra que, a partir del reciclado que uno realiza, se puede generar también arte. Así es, así es.
Hay muchísimo por hacer. Hasta donde la imaginación alcance, la creatividad nos puede ayudar a reutilizar tanto los materiales que desechamos como lo que la naturaleza nos brinda”.
El componente teatral tiene el mismo propósito. Desde los años noventa, Salvador García Ruvalcaba y su equipo crearon personajes que transmiten mensajes ambientales: Pedrico, Jaguardo, Benedicto y Chonchito protagonizan obras que explican separación de residuos y conservación de ecosistemas. Los títeres se elaboran con materiales reciclados y se presentan en escuelas y ferias locales.
Uno de los montajes emblemáticos, “Separando y reciclando todos salimos ganando”, resume la lógica del proyecto: enseñar a través del juego. La metodología asocia conceptos complejos —contaminación, ciclo del agua, biodiversidad— con experiencias sensoriales accesibles. Las obras se acompañan de canciones compuestas para campañas ambientales, entre ellas La coa, producida en colaboración con músicos del Mariachi Grullense durante la campaña “Orgullo de Manantlán”.
El repertorio artístico del Centro de Aprendizaje para la Sostenibilidad Aplicada no es decorativo. Cada pieza y cada melodía cumple una función formativa. La abeja Mielisa enseña trabajo colectivo; Abonito explica la composta; Tortulinda, creada para una campaña en Isla Mujeres, difunde el manejo adecuado de residuos orgánicos. Estos recursos, diseñados con fines didácticos, son itinerantes: se trasladan a escuelas, plazas o exposiciones.
La estética se pone al servicio del aprendizaje. Los visitantes tocan, arman y manipulan los materiales. No hay vitrinas ni distancia con el objeto: la interacción directa refuerza la comprensión de los procesos ecológicos. El arte deja de ser adorno y se convierte en herramienta de conciencia ambiental.
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