La eterna fascinación por ‘Frankenstein’
Los intérpretes Jessie Buckley y Christian Bale, y la directora Maggie Gyllenhaal, durante el rodaje de ‘¡La novia!’. Foto cedida por Warner Bros




Cultura

En el verano de 1816, un grupo de jóvenes encerrados en Villa Diodati a causa del mal tiempo se retaron a un juego literario: escribir cada uno en una noche una historia de terror.

Lord Byron, el anfitrión, el poeta Percy Shelley, la joven que se convertiría en su mujer, Mary Wollstonecraft Godwin, Claire Clairmont, su hermanastra, y el médico John Polidori, sumergidos en relatos, debates científicos y lecturas comenzaron la tarea.

Lo que empezó como un reto acabó convirtiéndose dos años después en ‘Frankenstein o El moderno Prometeo’, una novela fundacional del terror y la ciencia ficción firmada por una joven de 20 años con su apellido de casada: Mary Shelley. Obra que, 208 años después, sigue fascinando. 

El ‘Frankenstein’ de Mary Shelley.

Obsesionado con la idea de crear vida, Víctor Frankenstein construye una criatura —sin nombre— con pedazos de cadáveres robados del cementerio, a la que logra dar vida.

El posterior rechazo a su creación desencadena una serie de sucesos fatídicos perpetrados por una criatura que acaba convirtiéndose en el monstruo que han creado y que culmina con la muerte de ambos —creador y creación— en el Ártico.

Frankenstein y su criatura sobrepasaron rápidamente las páginas del libro y proliferaron en el panorama mediático del siglo XIX —teatros y dibujos políticos— y del XX, cuando las creaciones de Shelley se convirtieron en los sujetos de incontables películas que re imaginaron y versionaron la historia original.

Pero la atracción no acabó aquí. Solo en el siglo XXI se han estrenado más de 10 filmes inspirados en la novela, como ‘Frankenstein’ de Guillermo del Toro, en 2025, o ‘¡La novia!’, de Maggie Gyllenhaal. 

¿Qué se esconde detrás de las incontables recreaciones de la obra de Shelley? ¿Cuál es el motivo de la perpetuidad de una historia concebida en el siglo XIX?

El mito de Frankenstein 

La eterna fascinación por ‘Frankenstein’

Jessie Buckley y Christian Bale en una escena de la película ‘¡La novia!’. Foto cedida por Warner Bros

La tradición ‘frankensteniana’ dramática —cientos de obras, películas y series— ni es, ni pretende ser, un reflejo fiel de la obra original. Sino que cada época, sociedad o director toma el relato de temores, ambiciones y pecados, creado por la escritora, y lo recuenta para explorar sus propias aspiraciones, preocupaciones y miedos. 

“La novela ha generado un mito, y es porque tiene una capacidad de plantear temas universales, recurrentes y que se pueden actualizar de diferentes maneras en distintas épocas. Entonces, la base de su adaptabilidad es su carácter mítico”.

Así expone Pedro Javier Pardo, catedrático de Literatura Inglesa y Literatura Comparada en la Universidad de Salamanca, en una conversación con EFE, la razón que ha propiciado la proliferación de versiones.

Y Jesús Palacios, escritor y crítico de cine, añade: “Cada tema central de ‘Frankenstein’, y los dilemas que se derivan del mismo, son eternos y, por tanto, siempre relevantes a lo largo del tiempo y las épocas”.

Pardo recurre a reescrituras cinematográficas del mito para ilustrar su argumento: “‘El castillo de Frankenstein’ (1958) trata la guerra fría y el miedo nuclear, ‘Carne para Frankenstein’ (1973) es una metáfora del nazismo,

‘The Rocky Horror Picture Show’ (1975) lleva la cuestión de Frankenstein al travestismo, al mundo gay y al de una libertad sexual alternativa a la moralidad vigente, y hay un Frankenstein, ‘Depraved’ (2019), que explora las secuelas de la guerra de Irak”. 

Retazos del mito en cada recreación. 

Detrás de la constante vigencia del mito de Frankenstein hay, tanto para Pardo como para Palacios, tres temáticas de la novela reinterpretadas: los límites de la tecnología y la transgresión, los personajes y su escisión como dobles; y el monstruo como el otro y el planteamiento monstruosidad-humanidad.

A esta tríada, Pardo añade la fórmula narrativa del libro: “Es una dialéctica de persecución. La criatura se siente alienada, se rebela contra su creador y le persigue. Aquí tienes un patrón narrativo muy potente que te vale para historias de terror, thrillers, ciencia ficción, etc.”.

Tecnología y transgresión.

La eterna fascinación por ‘Frankenstein’

Guillermo del Toro y Oscar Isaac en el rodaje de `Frankenstein´. Foto Ken Woroner/Netflix © 2025.

Inspirada y fascinada por el galvanismo (el uso de la electricidad para estimular músculos en cadáveres), Shelley desarrolló en ‘Frankenstein’ una “historia de hubris científica y faústica que plantea el dilema de hasta dónde pueden y deben llegar la ciencia y la tecnología”, en palabras de Palacios.

Por ello, tal y como apunta el experto en cine, “el monstruo no es producto del folklore o de lo sobrenatural, sino de los adelantos científicos del momento llevados a la pura especulación filosófica y moral”.

Dentro de esta temática se incluye también la transgresión científica y el precio de jugar a ser Dios. “Tenemos al científico que se obsesiona con un objetivo que quiere conseguir por medios científicos, lo que implica transgredir ciertos principios morales o éticos. Ese desafío tiene mucho que ver con el uso de la tecnología y con una aspiración de sustituir a Dios”, desarrolla Pardo.

Un elemento que también es recurrente en las adaptaciones de la novela es la duplicidad de sus protagonistas. “Las figuras del científico ‘loco’ y su monstruo tienen el tema eterno del doppelgänger [doble] y ofrecen una dupla poderosamente performativa e influyente”, establece Palacios. Es decir, ambos protagonistas son las dos caras de la misma moneda siendo la criatura “fruto, lado luminoso y también oscuro de su creador”, añade el catedrático. 

El monstruo como metáfora libre.

La eterna fascinación por ‘Frankenstein’

Jessie Buckley en una escena de la película ‘¡La novia!’. Foto cedida por Warner Bros

La criatura de Frankenstein, narrativamente, funciona como un espacio vacío y abierto que permite resignificar y adaptar su rol en cada reinterpretación. Palacios lo explica así:

“Hacer del ‘monstruo’ un ser pensante, sensible y víctima de su creador, es una inversión de términos morales que convierte a la criatura en la metáfora perfecta para las minorías perseguidas o marginadas socialmente”.

El crítico cinematográfico escoge la interpretación de Boris Karloff en ‘El doctor Frankenstein’ (1931) para ejemplificar su afirmación: “Convirtió al monstruo en una imagen de inocencia destructiva pero no esencialmente malvada, más como ‘víctima’ que como ‘victimario’, subrayando su patetismo e indefensión ante el desprecio y la persecución de los humanos ‘normales’.

  • Lo cual, unido al hecho de que su director, James Whale, fuera gay ha fortalecido la apropiación del personaje por el colectivo LGBTIQ+ como símbolo de la ‘diferencia’ y la ‘marginación’”.  

Y la criatura como metáfora del “otro” plantea también los límites entre lo humano y lo monstruoso, que son explorados en la tradición audiovisual: “¿Qué nos hace humanos? ¿La criatura es un monstruo o es humano? ¿Tiene alma o no? ¿Qué nos caracteriza como seres humanos?”, pregunta Pardo.

¿Qué ocurrirá con ‘Frankenstein’?

“La fascinación por ‘Frankenstein’ se basa en el potencial que tiene la dinámica entre creador y criatura, y en la capacidad de ser transformado, actualizado e investido con significados muy diferentes en distintos momentos”, afirma Pardo. 

Por ello, su futuro, de acuerdo con el catedrático, estará determinado por la capacidad de reescritura del texto original y de las adaptaciones anteriores, convirtiendo a los filmes en una metáfora del creador y su creación -están hechos con retazos de la novela y de otras cintas-.  Porque, al final, “lo que sobrevive no es la novela, sino el mito”, concluye Pardo.