Carretera Manzanillo-Guadalajara: sin baños ni lugares seguros para descansar

Kilómetros de carretera por delante y, en buena parte del trayecto, ni siquiera un lugar seguro para ir al baño, comer o descansar. Es la realidad que enfrentan los operadores de tráileres que recorren varias veces por semana la autopista Manzanillo-Guadalajara.



Zapotlán el Grande, Jalisco.

Cinco, ocho y hasta 10 horas al volante. Kilómetros de carretera por delante y, en buena parte del trayecto, ni siquiera un lugar seguro para ir al baño, comer o descansar.

Es la realidad que enfrentan los operadores de tráileres que recorren varias veces por semana la autopista Manzanillo-Guadalajara.

Aunque pagan peaje, aseguran que las casetas carecen de servicios básicos y que detenerse para atender una necesidad tan elemental como ir al baño puede convertirse en un problema.

“Las condiciones de la autopista están malas. Para empezar en las casetas debería de haber baños, digo, estamos pagando un peaje y lo mínimo que ocuparíamos es los servicios que naturalmente se ocupan, pues, el cuerpo lo pide de veces, ¿verdad? Entonces, se ocupan y en veces hay que improvisar uno. Esperar que se haga la nochecita por ahí o en veces hasta aquí dentro del carro.

“Yo siempre lo he dicho que los baños son esenciales porque estamos pagando un peaje. Entonces, ¿qué le cuesta al gobierno, no sé a quién, pagarle a una persona que esté al tanto ahí de los baños? Se le va a pagar para que haga limpieza y no le hace que se cobre, pero que haya baños”, contó Adolfo Mata, operador de tráiler.

Y cuando cae la noche, el problema aumenta.

Los operadores aseguran que los espacios para detenerse son insuficientes y que después de las siete u ocho de la noche encontrar un lugar para estacionar un tráiler puede ser prácticamente imposible.

“Pues mucho, porque no hay donde pararse uno al baño. Y pues ahí anda uno haciendo gaitas y pues con la policía con el gobierno nada más está con uno para fregarlo no para ayudarlo a uno, sino para fregarlo y pues es eso".

"O sea vamos a pedir de que haya paraderos baños, o sea, lugares seguros porque aquí de a partir de las 7, 8 se pone lleno y ya no hay donde pararse”, compartió Alberto Originales.

Entre Colima y Ciudad Guzmán hay una gasolinera que se convirtió, de hecho, en uno de los pocos puntos de descanso para los transportistas.

  • Tiene regaderas, lavandería, tienda y comida.

Pero también tiene un límite: cuando se llena, los operadores deben continuar el viaje.

Y una parada completa puede representar hasta 700 pesos entre alimentos y servicios.

“Pues bastante, la verdad. Sí nos afecta bastante porque pues imagínese, no hay donde pararse y sí están largos los tramos hacia una gasolinería o alguna parte donde pueda uno pararse a tomar a cualquier servicio, ¿verdad? Porque no tiene ningún servicio. ¿Sí?

Y además las carreteras ya están en pésimas condiciones. ¿Sí? Entonces no tiene ni baños, o sea, no tiene ningún descanso seguro o espacioso, o sea, no”, señaló Efren Pineda.

La falta de infraestructura no sólo significa incomodidad.

Para quienes pasan horas conduciendo, no dormir, no comer adecuadamente y no encontrar dónde detenerse también representa un riesgo.

Los propios operadores comparan esta carretera con otras rutas del país, donde existen espacios diseñados específicamente para ellos.

Aquí es como que un punto pero por nosotros. No, no tiene así la carretera no tiene como que, por decir, las de Puebla. El arco de seguridad ahí y o sea, llegan ahí muchos camioneros ahí. Esta carretera no tiene eso”, dijo Manuel Demetrio.

Y el problema se vuelve todavía mayor cuando una obra, un accidente o una fila en el puerto prolongan todavía más el recorrido.

Hay operadores que pasan horas detenidos antes de poder continuar.

Cuando finalmente avanzan, lo hacen cansados y con pocas opciones para recuperarse.

“Pero por ejemplo, si tenemos algún detalle en cuestión de que me agarró un seguidillo no hay baños dónde ir, porque no en realidad la verdad".

"Por ejemplo, cuando ya saliste de aquí, tú ya vas dormido, o sea, soñento porque ya te desvelaste toda la noche sentado ahí esperando a que, o sea, pase, se corta la fila, deja pasar unos cinco o seis, se vuelve a cortar la fila”, compartió Pedro Hernández.

Para las empresas, el problema se traduce en retrasos y mayores costos.

Para los operadores, en cambio, se trata de algo mucho más básico: tener dónde parar, comer, dormir y hacer una necesidad antes de volver a poner las manos sobre el volante.

En una carretera estratégica para el movimiento de mercancías hacia y desde el puerto de Manzanillo, los operadores dicen que hoy saben cuándo comienzan el viaje, pero no cuándo podrán detenerse a descansar.


Andrea Gutiérrez Vargas