Guadalajara, Jalisco.
El vínculo entre el muralismo mexicano y el cine de vanguardia del siglo XX se explora en Correspondencias: Orozco-Eisenstein, exposición que formará parte del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG 41) y que abrirá al público el 27 de marzo.
Curada por Laura Ayala, la muestra propone un cruce entre la obra del muralista jalisciense José Clemente Orozco y el cineasta soviético Serguéi M. Eisenstein a partir de afinidades estéticas, ideológicas y narrativas.
Exposición y curaduría: diálogo entre muralismo y cine
El proyecto surge de las investigaciones impulsadas desde el Museo de las Artes Universidad de Guadalajara (MUSA) en torno a la vigencia de Orozco y su lectura contemporánea. Para Ayala, la exposición funciona como un relato visual que reconstruye la mirada del director soviético frente al muralismo mexicano.
“Esta curaduría se sitúa como una especie de relato de cómo vio Eisenstein los murales en general, el muralismo mexicano y en particular el de José Clemente Orozco
...Entonces, claro, esta muestra podría estar presente no solo en este espacio y en el Festival de Cine, sino en cualquier recinto que se ocupe del arte moderno mexicano y del arte moderno internacional pensado desde el cine de Eisenstein”.
Aunque ambos artistas nunca coincidieron físicamente en México, mantuvieron contacto mediante cartas y compartieron inquietudes vinculadas a los procesos revolucionarios y a la búsqueda de nuevas formas de representación visual.
Eisenstein llegó al país en la década de 1930 tras fracasar un proyecto cinematográfico en Estados Unidos y encontró en el muralismo una fuente de inspiración para concebir su película ¡Que viva México!, pensada inicialmente como una especie de mural cinematográfico.
Obras y materiales en la muestra
La exposición reúne imágenes comparadas, fragmentos fílmicos y materiales documentales que evidencian coincidencias entre el dinamismo compositivo de Orozco y el montaje cinematográfico desarrollado por Eisenstein, técnica que transformó la narrativa del cine moderno.
Ayala subraya que la obra del pintor jalisciense continúa revelando nuevas interpretaciones incluso después de años de estudio.
“Orozco es una maravilla en el sentido de que siempre descubres algo. Si tu ojo y tu entendimiento están listos, aun piezas que has visto durante muchísimos años siempre te van a dar una clave diferente
...Siempre hay una ambigüedad, siempre te está cuestionando, siempre tiene una postura dialéctica y creo que eso hace que su obra merezca revisarse constantemente, entenderla en su contexto y después transportarla al siglo XXI con otros ojos”.
La muestra ocupará las salas 2, 3 y 4, donde también se proyectará la versión más acabada de ¡Que viva México!, reconstruida años después de que el proyecto original quedara inconcluso por conflictos políticos y financieros.
Además de piezas originales prestadas por museos nacionales, el recorrido incluye reproducciones de murales y materiales audiovisuales que permiten acercar obras que no pueden trasladarse físicamente. Para la curadora, el proyecto es resultado de un proceso colectivo y cambiante.
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