Por Alejandro Pelayo
Existe un tipo de violencia que no siempre es visible ni fácilmente identificable, pero que puede tener profundas consecuencias emocionales y familiares. Se trata de la violencia vicaria, una forma de agresión que se ejerce de manera indirecta y que, en muchos casos, permanece oculta dentro de conflictos familiares o procesos de separación.
Para comprender mejor este fenómeno, la doctora en Derecho Jetsabel Anahí Pelayo Torres, abogada con línea de investigación en derechos humanos, acceso a la justicia y cultura de la legalidad, explicó en entrevista algunos de los aspectos fundamentales de esta figura jurídica y social.
De acuerdo con la especialista, el término violencia vicaria es el más utilizado en el lenguaje cotidiano, aunque jurídicamente se encuentra relacionado con la figura de violencia ejercida por interpósita persona.
“La violencia vicaria coloquialmente es como se le conoce, legalmente tiene otro nombre y se le regula como violencia por interpósita persona”, explicó.
Este tipo de violencia se caracteriza porque el agresor no ataca directamente a la víctima, sino que utiliza a terceros para generar daño emocional o psicológico. En el contexto familiar, esto suele ocurrir mediante el uso de los hijos como medio para afectar a la madre.
“Estamos hablando de un tipo de violencia que genera la expareja de una mujer hacia la mujer, pero no es una violencia directa, sino que la hace a través de los hijos”, señaló la especialista. Las manifestaciones pueden ser diversas.
Entre ellas se encuentran amenazas relacionadas con la custodia de los menores, el incumplimiento o manipulación de la pensión alimenticia, así como la generación de conflictos emocionales que afectan la relación entre los hijos y la madre.
“Muchas veces es con amenazas en el sentido de ‘te voy a quitar a los hijos’, limitando cuestiones económicas como la pensión, o generando alienación para que los hijos se alejen de la mujer”, detalló.
A diferencia de otras formas de violencia que pueden manifestarse mediante agresiones físicas, la violencia vicaria suele expresarse en dimensiones más complejas y menos visibles, como la violencia psicológica, simbólica o económica.
Esta característica provoca que en muchos casos sea difícil de identificar tanto para las víctimas como para las instituciones encargadas de atender estos casos. Incluso, en algunas situaciones, estas conductas llegan a normalizarse dentro del entorno social o familiar.
- “Muchas veces no se identifica y hasta se normaliza, lo que genera un estado de indefensión para la víctima”, explicó.
La especialista señaló que otro de los desafíos que enfrenta este fenómeno es la existencia de vacíos legales o limitaciones en los mecanismos de protección, lo que complica su atención efectiva.
“Todavía hay un vacío legal enorme en cuanto a la protección que se tiene de la violencia vicaria”, indicó.
En el debate público, la violencia vicaria suele relacionarse con la protección de las mujeres, debido a que estadísticamente es el grupo que con mayor frecuencia se identifica como víctima en estos casos
Sin embargo, Pelayo Torres aclaró que el sistema judicial no excluye a los hombres que pudieran enfrentar una situación similar.
“Si un hombre sufre de este tipo de violencia y acude al sistema judicial, se le va a dar el tratamiento de una víctima sin ningún problema”, afirmó.
En cuanto a las sanciones, explicó que la legislación puede variar entre las entidades federativas, aunque generalmente contempla medidas que van desde procesos de reeducación sobre violencia de género hasta sanciones más severas.
Entre las consecuencias legales pueden encontrarse la pérdida temporal o definitiva de la custodia de los hijos, así como penas de prisión que, dependiendo del estado del país, pueden ir de tres a siete años de cárcel.
Finalmente, la especialista destacó la importancia de visibilizar este tipo de violencia para que las personas puedan identificarla y evitar que continúe reproduciéndose en las relaciones familiares y en la vida cotidiana.
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