Memoria y género marcarán la nueva etapa del Museo Panteón de Belén
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Guadalajara, Jalisco. 

A casi un año de haber asumido la dirección de la Casa Museo José López Portillo y del Museo Panteón de Belén, Mayra Huerta prepara un cambio en su gestión ya que quedará al frente únicamente del Panteón, un espacio que —afirma— requiere atención especializada y un rumbo propio.

La idea es que pueda tener una dirección específica y una atención particular porque este museo tiene necesidades muy específicas que ya no se vinculaban 100% con las del Museo Panteón, explicó.

Diferencias en la gestión de ambos museos

“Fue complejo porque, aunque comparten colecciones y acervos históricos, son muy diferentes sus naturalezas. Afortunadamente tengo un equipo muy comprometido;

ambos museos tienen personal enamoradísimo de sus espacios, muy comprometido con el cuidado, la conservación y la atención de la gente que llega a visitarlos”.

En la Casa Museo José López Portillo encontró un público constante, particularmente vinculado a la música. En contraste, el Panteón de Belén mantiene una fuerte carga simbólica asociada a las leyendas y al llamado turismo de terror. Para Huerta, ese interés no debe desaparecer, pero sí complementarse.

Renovación del Museo Panteón de Belén

“Entendemos que las leyendas son súper importantes y claro que queremos respetarlas, pero también hay mucha desinformación o información manipulada en esas historias.

Hay personajes cuyas historias reales son más interesantes que las versiones más amarillistas que utilizamos.

Lo que queremos es refrescar ese guion y abrir posibilidades para entender el Museo Panteón como un sitio histórico y patrimonial, no solamente como un lugar de miedo”.

Como parte de esa actualización, durante marzo se implementará un nuevo recorrido nocturno centrado en las mujeres sepultadas en el cementerio. La intención es rescatar figuras que han quedado fuera del relato tradicional.

“Es un guion encaminado a las historias de las mujeres que yacen en el cementerio. Tenemos algunas de las primeras sufragistas, ceramistas súper importantes, poetas;

son historias que no siempre se cuentan y que no necesariamente son las que la gente va a buscar.

Queremos recuperar esas memorias, poner fichas por todo el cementerio para que se conozcan estas transiciones históricas y trabajar en un programa de memoria y género para renombrar tumbas e intentar que la memoria de estas mujeres no se pierda dentro de las otras memorias heroicas de los hombres, que esas sí las conocemos”.

El proyecto también contempla reflexionar sobre tumbas incompletas o sin apellido, cuyos silencios responden a contextos sociales específicos. Para la directora, el objetivo es dignificar tanto a personajes reconocidos como a quienes permanecen en fosas comunes.

  • Aunque el Panteón data de finales del siglo XIX, su etapa como museo tiene apenas 15 años, lo que dejó vacíos documentales importantes.

“Hay un libro donde están todos los nombres, pero cuando lo revisamos encontramos un desfase. En el archivo no coincide el número con el nombre;

parece mínimo, pero implica rehacer el registro completo. Incluso tener certeza de quién está en cada tumba es un trabajo enorme. Tenemos más de 3000 personas ahí”.

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Héctor Navarro