Guadalajara, Jalisco
Guadalajara creció, pero buena parte de sus habitantes se fue alejando del corazón de la ciudad. En tres décadas, alrededor de 240 mil personas dejaron de vivir en un radio de cinco kilómetros del centro tapatío, mientras la población total de la metrópoli aumentó 71 %.
- El fenómeno forma parte de una tendencia nacional documentada en el artículo científico Scaling and Population Loss in Mexican Urban Centres, elaborado por Gonzalo G. Peraza-Mues, Eugen Resendiz, Rodolfo Figueroa-Soriano, Rafael Prieto-Curiel y Roberto Ponce-Lopez.
El trabajo fue aceptado el 30 de junio de 2026 por Nature y actualmente aparece como Article in Press: se ofrece como una versión sin edición final para permitir acceso anticipado a sus hallazgos y todavía deberá pasar por el proceso editorial previo a su publicación definitiva.
Los investigadores analizaron información de los censos de 1990, 2000, 2010 y 2020 para 69 zonas metropolitanas mexicanas, utilizando una cuadrícula de aproximadamente 470 por 470 metros para observar cómo cambió la distribución de sus habitantes.
Guadalajara constituye uno de los casos más claros. En 1990 había aproximadamente 866 mil habitantes a menos de cinco kilómetros del centro; para 2020 quedaban 626 mil, una reducción cercana al 28 %. En contraste, durante esos mismos 30 años la población metropolitana aumentó 71 %.
El problema no es exclusivo de Guadalajara. Los investigadores encontraron que todas las ciudades estudiadas perdieron densidad alrededor de sus centros y la ganaron en zonas más alejadas. En conjunto, las áreas centrales de las ciudades mexicanas perdieron alrededor de 2.5 millones de habitantes.
El desplazamiento hacia las periferias tiene consecuencias. El modelo calcula que las distancias dentro de las ciudades mexicanas son actualmente, en promedio, 28 % mayores debido a la pérdida de densidad. Esto se relaciona con viajes más largos, menor disponibilidad de transporte público, mayores emisiones vehiculares y dificultades para acceder a servicios.
Los autores relacionan el fenómeno con transformaciones demográficas y económicas, pero también con las políticas de vivienda que desde la década de 1990 favorecieron desarrollos habitacionales en terrenos periféricos más baratos. El resultado fue una expansión urbana que no siempre estuvo acompañada de transporte, agua, drenaje y escuelas.
El estudio concluye que las metrópolis mexicanas se encuentran en un patrón de expansión acompañado de pérdida de densidad, alimentado también por vivienda poco asequible en las zonas centrales, especulación inmobiliaria y nuevos polos comerciales y laborales en las periferias.
Así, Guadalajara no solamente se hizo más grande: su población se desplazó hacia afuera, aumentando las distancias y los costos cotidianos de vivir en la metrópoli.
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