Guadalajara, Jalisco.
En un lado están las cifras oficiales.
En el otro, las familias de quienes mueren de manera violenta o desaparecieron.
Entre ambas partes aparecen diferencias que especialistas y colectivos consideran preocupantes.
Y una de las principales preguntas de esta investigación es:
¿Pueden existir dos realidades estadísticas sobre la misma violencia?
El abogado y catedrático Francisco Jiménez Reynoso comparte:
"Hay deficiencias que pareciera ser que esto lo hace de manera intencional el gobierno, pareciera ser con la finalidad de no subir los índices de desaparecidos.
La verdad, tenemos dos tipos de verdad, la verdad publicada y la verdad real. Y al gobierno lo que le conviene publicar son sus estadísticas, las de ellos, pero quedan fuera, se rasuran de tajo a través de las inconsistencias, la falta de personal, la ineficacia, la ineficiencia de nuestras autoridades.
Eso trae como consecuencia y redunda en la impunidad y en la falta de objetividad simplemente para contar a las personas desaparecidas".
Opiniones de especialistas sobre las cifras oficiales
Héctor Flores, de Luz de Esperanza, coincide en que la clasificación puede modificar la dimensión visible del problema.
Y señala que la situación no sería exclusiva de Jalisco.
"Pasa lo mismo, ¿no? Las fiscalías no pasan los datos en su totalidad a la federación para no verse afectados en el top, ¿no?
De los estados con el número de delitos y también la clasificación que manejan la clasificación, para que no sea impactado por el número de homicidios, ya sea culposos, dolosos o los ponen en otra categoría. Que pasa lo mismo con las desapariciones en muchas ocasiones".
El mismo fenómeno, según Flores, puede presentarse en homicidios.
Una muerte puede ser clasificada inicialmente de determinada manera y no necesariamente terminar en el mismo apartado estadístico.
En desapariciones, el problema puede comenzar todavía antes: con la propia denuncia y la integración de la carpeta.
Aquí aparece uno de los retos más importantes:
No basta con comparar dos números.
- Hay que conocer qué metodología utiliza cada institución, qué casos incorpora, cuáles excluye y en qué momento modifica una clasificación. Porque si las reglas para contar cambian, también cambia la fotografía de la violencia.
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