Llega más agua a Chapala, pero la contaminación sigue bajo la lupa
Foto: José Toral




Guadalajara, Jalisco

Investigadoras de la Universidad de Guadalajara advierten sobre la situación del agua en Jalisco, informaron que aunque el Lago de Chapala no registró incrementos significativos durante septiembre, las recientes lluvias de los fenómenos Polo y Rachel han llevado a las presas de la cuenca del Lerma a superar el 80% y hasta el 100% de su capacidad. Esto obliga a soltar el agua acumulada que podría subir el nivel del lago del actual 69% hasta cerca del 75% en las próximas semanas. 

Llega más agua a Chapala, pero la contaminación sigue bajo la lupa

Por otro lado, en la calidad del agua, las algas en Chapala se mantienen dentro de los límites de riesgo, a diferencia de la Laguna de Cajititlán, que continúa como la más contaminada del Estado, explicó Eduardo Juárez Carrillo, Director del Instituto de Limnología y Sustentabilidad del CUCBA.

“Que está sucediendo en estos momentos que está lloviendo de manera muy copiosa por el huracán, primero el huracán Polo y que ahora están llegando las bandas de nubosidad de la tormenta tropical, todavía no es huracán, Rachel? Entonces esto está haciendo que las presas que estuvieron almacenando agua en el Alto Lerma empiecen a desfogar agua hacia hacia el Lago de Chapala.

Entonces en las últimas semanas, si bien no se ha reportado en los últimos días, si bien no se ha reportado por parte de la CONAGUA ni por la CEA ningún movimiento del nivel del agua, estamos viendo que hay un una subida de alrededor de 5%.

Estaríamos hablando que ya estamos muy cerca del 70%, que es posible que rebasemos este 70% en una en una en unos muy próximos días en el Lago de Chapala. Entonces, ¿Cuál es la referencia? La referencia sería el año pasado, que el año 2025 llegamos a este nivel del 77.55%. Estamos a un 7% de poder llegar a esos niveles”.

El estado actual del agua en el Área Metropolitana de Guadalajara refleja una profunda crisis estructural, el colapso de las obsoletas redes de distribución y drenaje provoca filtraciones y socavones que contaminan el suministro antes de llegar a los hogares, donde las familias reportan agua turbia, con mal olor o mal sabor, detalla Alicia Torres Rodríguez, Profesora investigadora del Departamento de Estudios socio-urbanos del CUCSH.

“Yo he hablado de la gobernanza tóxica del agua, es decir, estamos administrando agua contaminada para todos los procesos productivos, tanto la industria, bueno, es la que menos padece eso porque toma el agua más limpia, la agricultura y por último estamos el sector urbano.

Y esto se maneja mediante instituciones, municipios y estados fragmentados, es decir, no hay una política congruente a lo largo de esto que garantice que el agua que se produce cuenca arriba sea la misma calidad que nos llega cuenca abajo.

Entonces, tenemos que que que estos cuerpos no tienen como limitaciones, o sea, la el río, la laguna no tienen una delimitación territorial, sino que la delimitación la estamos haciendo nosotros a través de de políticas públicas administrativas".

Ante un monitoreo oficial insuficiente y más de 6 años de manifestaciones por mala calidad, la ciudadanía se ha visto obligada a asumir un gasto extra al comprar garrafones e instalar filtros domésticos para proteger su salud. 

“¿Y eso a qué nos lleva a nosotros? Cuando tenemos una desconfianza institucional y tenemos una desconfianza al agua que recibimos, pues tenemos un gasto adicional.

Compramos agua de garrafón para cocinar, para lavar nuestra ropa, para bañarnos, es decir, y para limpiar el agua que nos llega a nuestros hogares.

Hemos visto últimamente el crecimiento de filtros que utilizamos en nuestras casas para poder tratar el agua. Entonces, se nos está yendo de lo público a lo privado todos los gastos que debiera tener el gobierno del estado, los municipios.

Es decir, yo debo tener la responsabilidad de tratar el agua que voy a consumir o que voy a utilizar en mi hogar porque mi organismo operador no tiene la capacidad de hacerlo y sí me deriva a mí todos esos gastos y esa responsabilidad”.

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Sara Esther Leos Andrade