Recortes y ataques a hospitales agravan crisis sanitaria mundial 2026: Medicusmundi
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Oriente Medio.

Atrapados en un mal que parece que se enquista: menos ayudas, más guerras, menos protección al personal sanitario... En pleno siglo XXI, cuando todos pensábamos que avanzábamos en la consecución de la cobertura sanitaria universal, se estima que hay 22 millones de vidas en peligro, según informa Medicusmundi sobre la situación sanitaria mundial.

Estos tres factores se están produciendo simultáneamente, y están dinamitando el derecho a la salud. El resultado es una crisis que ha pasado de ser coyuntural a ser crónica, y que supone el desmantelamiento del derecho a la salud para los más vulnerables.

¿Qué significa hablar de derecho a la salud en 2026?

Crecen los conflictos y las necesidades, pero la cooperación y la protección tanto a la población como al personal sanitario retroceden. ¿Qué significa hablar de “derecho a la salud” cuando se recortan las ayudas y permitimos que falten millones de profesionales sanitarios?, cuando durante los conflictos bélicos se bombardean los hospitales.

La OCDE ya avisó de que la ayuda global cayó un 9% en 2024; en el 2025 y ya en 2026, las proyecciones son de un desplome de hasta el 17%. Se estima que la financiación sanitaria internacional podría reducirse en tres quintas partes respecto a lo que se invertía hace tres años.

¿Pero qué significa a efectos prácticos la reducción de un 60% de la financiación sanitaria respecto al año 2022? Para Carlos Mediano, responsable de estudios de Medicusmundi, esto significa que un programa de tratamiento contra el VIH en un país de renta baja, que depende en un 80% de fondos externos, deja de entregar medicinas, o que la enfermera que hacía el seguimiento contra la desnutrición en una aldea remota ya no tiene salario ni moto para llegar.

O que no se podrán entregar mosquiteras impregnadas de insecticida antimalárico en las aldeas, remarca el experto.

Es más, según un estudio de ISGlobal, una caída abrupta de la Ayuda Oficial al Desarrollo podría provocar más de 22 millones de muertes adicionales de aquí a 2030, resume Mediano.

Los países que más tienen -Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Alemania- han recortado sus presupuestos. Si en un principio se esperaban unos recortes brutales por parte de Estados Unidos, al final parece que no serán tan radicales.

Desde la reciente salida de Estados Unidos de la OMS, la administración Trump ha cambiado la forma de abordar la cooperación: a través de su nueva ”Estrategia de Salud Global América Primero” busca reforzar su liderazgo en países africanos mediante la cooperación sanitaria.

Los 11 países que a fecha de hoy han firmado acuerdos con USA son: Madagascar, Sierra Leona, Botsuana, Etiopía, Kenia, Uganda, Ruanda, Eswatini, Liberia, Mozambique y Camerún.

Los programas en los que trabaja son VIH/sida, tuberculosis, malaria, erradicación de la polio, salud materno-infantil, y la preparación y respuesta ante enfermedades infecciosas, como la del virus de Marburgo (similar al del ébola).

Estados Unidos era el mayor contribuyente de la OMS. Los motivos de su salida han sido acusaciones hacia la OMS como la ineficacia, mala administración y la falta de independencia. Pero sobre todo, que no defendía sus propios intereses, los de Estados Unidos, ni entendía qué ventajas obtenía por su contribución.

Esta forma interesada de entender la cooperación ha arrastrado también a Argentina a abandonar la OMS, y desde luego desvirtúa el sentido de lo que significa cooperación: confianza, apoyo, suma de esfuerzos y solidaridad para lograr resultados superiores a los que se obtendrían individualmente.

Impacto de la violencia en hospitales y personal sanitario

Si a la falta de dinero le sumas la violencia, el escenario pasa de crítico a catastrófico. Los datos de la Universidad de Uppsala (UCDP) son demoledores.

Según informa Medicusmundi "en 2024 batimos el récord de conflictos activos desde el final de la Segunda Guerra Mundial: 61 conflictos con participación estatal. Pero lo que define esta era no es sólo la cantidad de guerras, sino cómo se lucha en ellas".

Antes, los hospitales eran santuarios. De hecho, desde la Convención de Ginebra en 1949 está estrictamente prohibido atacarlos, y son considerados crímenes de guerra según el Estatuto de Roma.

Pero hoy, en Gaza, Ucrania, Sudán, Myanmar y por último en Líbano, las instalaciones sanitarias se han convertido en objetivos estratégicos. Sólo en 2024, la coalición Safeguarding Health in Conflict registró 3.600 ataques contra la asistencia sanitaria. Es un aumento del 62% respecto a dos años antes, resalta Mediano, de Medicusmundi.

Imagina que eres un médico en una zona de conflicto. Tu jornada no consiste sólo en decidir a quién operas primero con los pocos recursos que tienes, sino en mirar al cielo esperando que la siguiente bomba no caiga sobre tu quirófano.

Cuando bombardean un hospital, no sólo destruyen ladrillos. Destruyen el lugar donde se salvaban partos complicados, donde se trataban neumonías infantiles, donde se daba esperanza y futuro.

Matar a un médico o detener a una enfermera (más de 900 asesinados y 470 detenidos el año pasado) es condenar a muerte a miles de personas que ese profesional ya no podrá atender.

Esta salvaje violación del Derecho Internacional Humanitario está ocurriendo a plena luz del día, ante nuestros ojos, y con una impunidad que asusta. Como consecuencia, muchos médicos han decidido dejar de ejercer en contextos bélicos por ataques directos, inseguridad y daños psicológicos.

La consiguiente escasez de personal sanitario tiene efectos devastadores en la prestación y el acceso a la atención sanitaria, no sólo durante los conflictos, sino también para la reconstrucción de los sistemas de salud cuando esa guerra termine, en la post-guerra.

Cuando termina la violencia, sin profesionales suficientes, cualquier hospital reconstruido es sólo una cáscara vacía: no hay vacunación, ni atención primaria, ni programas de salud materna que funcionen.

Recapitulando los últimos datos: según la coalición Safeguarding Health in Conflict, la OMS y Médicos sin Fronteras los ataques contra la atención sanitaria están alcanzando máximos históricos: más de 3.600 incidentes de violencia en 2024, y en 2025 hubo al menos 1.348 ataques contra instalaciones médicas, con cerca de 2.000 personas —entre pacientes y personal sanitario— asesinadas en contextos de guerra.

Los conflictos y el colapso de servicios arrasan también con lo más básico: agua y comida. En 2024, casi 300 millones de personas sufrieron niveles altos de inseguridad alimentaria aguda, según el Global Report on Food Crises.

“En Gaza, el 100 % de la población está expuesta a inseguridad alimentaria aguda; en países como Sudán, Nigeria, Myanmar o Haití, millones viven en fases de emergencia o catástrofe, con hambre y malnutrición extrema”.

Apunta el responsable de estudios de Medicusmundi.

Recortes y ataques a hospitales agravan crisis sanitaria mundial 2026: Medicusmundi

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La combinación de hambre y agua contaminada abre la puerta a un estallido de enfermedades: diarreas, cólera, infecciones respiratorias, tuberculosis, malaria, desnutrición severa infantil.

El mismo informe sobre crisis alimentarias advierte que los conflictos armados, las crisis económicas y los fenómenos climáticos, sumados a los recortes de financiación –sobre todo por parte de donantes clave–, seguirán alimentando estas emergencias.

Y en un hospital que funciona al límite, un brote de cólera o un pico de casos de desnutrición aguda puede saturar las camas en cuestión de días. Sin suficientes enfermeras, sin antibióticos, sin sales de rehidratación oral, sin gasolina para ambulancias, cada retraso se traduce en vidas humanas que se apagan, remarca Mediano.

Salir del círculo vicioso

Todo esto se retroalimenta: recortes-conflictos-sanitarios-enfermedad. Romper el círculo exige tres compromisos básicos:

  1. Frenar los recortes y priorizar la financiación de la salud pública.
  2. Exigir el respeto absoluto del personal y las instalaciones sanitarias en todos los conflictos armados.
  3. Garantizar agua, alimentos y cuidados esenciales allí donde hoy sólo llegan bombas y destrucción.

La OMS impulsa medidas concretas enfocadas en protección, resiliencia y captación de fondos. En pleno siglo XXI, cuando pensábamos que avanzábamos en la consecución de la cobertura sanitaria universal, millones de personas están muriendo. Decidamos proteger la salud como un derecho en tiempos de paz y de guerra.