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DESTACADOS.
- Un bocado o un sabor pueden traer a nuestra mente y corazón, oleadas de bienestar o malestar, de tranquilidad o desasosiego; tienen la capacidad de extraer del subconsciente vivencias de un hondo significado y generar una catarata emociones.
- Para desarrollar el gusto, se pueden “apagar” por unos instantes los dos sentidos mayores, la vista y la audición, en un entorno que nos ofrezca seguridad y no implique riesgos físicos ni distracciones.
- ¿Conoce el sabor de la nieve, de las gotas de lluvia o de una flor o la hierba?. ¿Ha probado a que sabe su propio cuerpo?.
Nuestro sentido del gusto forma parte del denominado "sistema sensorial químico": aquel que es el vehículo de los estímulos producidos por las sustancias que entran en contacto con nuestro cuerpo, tanto provenientes del exterior, como generadas por el propio organismo.
Además podemos aprovecharlo para descubrir el mundo y a nosotros mismos, desde ángulos insospechados.
Mientras que nuestra vista y oído canalizan principalmente estímulos vibratorios, es decir la luz y los sonidos, y nuestra piel y músculos son más sensibles a los estímulos de tipo mecánico y térmico, todo aquello que “paladeamos” consiste básicamente en “moléculas y átomos”.
Además de este aspecto fisiológico, nuestro sentido gustativo, al igual que el olfatorio, tiene un gran potencial en el campo de la psique y de las emociones:
posee un considerable poder evocador de recuerdos, situaciones, lugares, personas y todo tipo de experiencias, que muchas veces se remontan a nuestros primeros años de vida y habíamos “olvidado”.
“Un bocado o un sabor, pueden traer a nuestra mente y a nuestro corazón, oleadas de bienestar o de malestar, de tranquilidad o desasosiego, pero en todo caso tienen la capacidad de extraer del
`cajón del subconsciente´ vivencias de un hondo significado y generar una cataratas emociones que nos recolocan y modifican”, señala la terapeuta corporal Lola Mangas.
“El especial sabor de una bebida o el enigmático gusto de un elemento natural, o incluso de nuestro propio cuerpo, pueden sacarnos inesperadamente de la amnesia y despertar nuestra conciencia”, agrega la experta en masaje con Tacto Consciente.
- De entre nuestros cinco sentidos, hay dos que nos conectan fuertemente con nuestra mente racional, es decir con la cabeza, y que tienden a predominar sobre los demás.
Mientras el tacto, el olfato y el gusto, nos acercan más al cuerpo, a lo orgánico, y al mundo de las sensaciones, el oído y sobre todo la vista, son una “línea directa” con nuestra parte pensante, con las ideas. Son como dos ventanas o puertas, desde donde la razón observa, controla, asume el mando.
- Cuando están abiertas esas mirillas auditiva y visual, los demás sentidos quedan en segundo plano, sus percepciones se apagan.
Para intensificar nuestra percepción de los sabores, y toda la ampliación de la conciencia que ello conlleva, a veces conviene “desconectar” momentáneamente nuestros ojos y oídos.
Un secreto para la expansión sensorial

Foto: EFE
Uno de los ejercicios que propone Lola Mangas para desarrollar el gusto, consiste en “apagar” por unos instantes los dos sentidos mayores, la vista y la audición
–por ejemplo ambos a la vez, o un día uno, y otro día el otro sentido- en un entorno que nos ofrezca seguridad y no implique riesgos físicos ni distracciones.
Hay que taparse los ojos de modo que no pueda entrar la más mínima pizca de luz, y taponar los oídos hasta que no se escuche absolutamente nada. Cuando ello sucede los otros sentidos crecen, se expanden, aumentan, trabajan más.

Foto: EFE
“Así nos percibimos a nosotros y al mundo de otra manera. Nos abrimos a un mundo insospechado de sensaciones”, señala.
¿Siente ahora como se mueve su cuerpo y las posturas que adopta, como se hincha su vientre? ¿Qué huele, siente en la piel y saborea? ¿Qué nuevas emociones, ideas o sensaciones le traen estas percepciones? ¿Qué forma tienen ahora los objetos? ¿Cómo varía su percepción del lugar? ¿Cómo se comporta ahora su sentido del equilibrio?.
Cuando después de unos minutos nos destapamos los ojos o tímpanos, y volvemos a usarlos, lejos de permanecer apagados, los otros sentidos ahora expandidos también expandirán aún más la vista y oído.
“Este ejercicio, que no sólo es útil para desarrollar el paladar sino también el tacto, y el olfato, permite que obtengamos más disfrute, más sensación corporal y de uno mismo, en definitiva más conciencia”, explica la terapeuta corporal.
Sabor propio y conexión con el entorno

Foto: EFE
Lola Mangas también aconseja probar “el insospechado placer de paladearse a uno mismo y al entorno”.
Siempre se asocia el gusto con las comidas y bebidas, pero hay otras posibilidades. ¡La gente y la Naturaleza también tienen sabores muy especiales: ¿Conoce el sabor de la nieve, de las gotas de lluvia o de una flor o la hierba?.
Por otra parte –sugiere la experta- “¿Sabe cuál es su propio sabor como persona? Pose sus labios y pase la lengua por su cuerpo. Perciba el sabor de su saliva. Saborear su piel después de salir del mar o darse un baño de sales, puede ser muy placentero”.
Nuestro sabor también varía según lo que comemos, de acuerdo a nuestro estado de ánimo y a nuestra predisposición sexual, todo lo cual influye en la composición de nuestro sudor. Es muy revelador “paladear esos cambios”.
“Si chupamos nuestra propia piel, probablemente sabrá a jabón, pero podemos dejar pasar un día sin ducharnos y descubrir cual es nuestro propio sabor natural, el de nuestro cuerpo al natural”, señala Mangas.
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