Cuando nuestro perro se acerca, el estrés se aleja
Foto: EFE




Estados Unidos.

Investigadores de la Universidad de Denver, en Estados Unidos, han descubierto que nuestros compañeros caninos nos mantienen en una zona saludable de respuesta al estrés, mediante un mecanismo fisiológico que hasta ahora se desconocía.

 La presencia de su perro de compañía fomenta que una persona se mantenga alerta y concentrada durante unos 45 minutos, y luego vuelva a la normalidad, lo que se considera el punto óptimo para manejar el estrés eficazmente, explican.

Los perros no solo son buena compañía: ayudan a las personas a regular el estrés más de lo esperado, y podrían ser una de las herramientas más accesibles y eficaces para mantenernos sanos en un mundo estresante, según los investigadores de Denver.

En la respuesta de una persona ante las situaciones o hechos que le provocan estrés intervienen un conjunto de mecanismos, componentes y reacciones fisiológicas del organismo, técnicamente denominados ‘vías’ o ‘ejes’, los cuales son diversos, pero están perfectamente armonizados y coordinados.

Dos de las vías fisiológicas del estrés más importantes (dos caminos que recorren los estímulos que nos estresan y las reacciones que se generan nuestro cuerpo y sistema nervioso como respuesta) son el eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal, o HPA, y el eje simpático-medular-suprarrenal, o SAM.

Dos investigadores del Instituto de Conexión Humano-Animal de la Universidad de Denver (www.du.edu) en Colorado (EE. UU.), el profesor Kevin Morris y la investigadora Jaci Gandenberger, han medido los ejes HPA y SAM, para estudiar los efectos anti-estrés de los animales de compañía en los humanos con los que conviven, comprobando que son más amplios de lo que se creía.

La respuesta del cuerpo al estrés

Cuando una persona experimenta un evento estresante, el eje SAM actúa rápidamente, desencadenando una respuesta de "lucha o huida" que incluye una descarga de adrenalina, lo que genera una explosión de energía que nos ayuda a afrontar las amenazas. Esta respuesta se puede medir mediante una enzima llamada alfa-amilasa, explican Morris y Gandenberger.

Al mismo tiempo, a un ritmo un poco más lento, el eje HPA activa las glándulas suprarrenales para producir la hormona cortisol. Esto puede ayudar a una persona a afrontar amenazas que pueden durar horas o días, añaden.

Si todo marcha bien, cuando el peligro cesa, ambos ejes se estabilizan y el cuerpo vuelve a la calma”, señalan en el portal de divulgación académica ‘The Conversation’.

Para su estudio (https://www.mdpi.com/2673-7140/4/3/38), Morris y Gandenberger reclutaron a unos 40 dueños de perros para que participaran en un experimento de estrés en laboratorio de 15 minutos de duración, considerada la prueba de referencia.

Esta prueba consiste en hablar en público y realizar cálculos de manera oral frente a un panel de personas inexpresivas que se hacen pasar por especialistas en comportamiento, según explican.

Los participantes fueron asignados aleatoriamente para que algunos trajeran a sus perros al laboratorio o los dejaran en casa.

Cuando nuestro perro se acerca, el estrés se aleja

Foto: EFE

Estresarse, con perro y sin perro

A ambos grupos de personas, se les midió el cortisol en muestras de sangre tomadas antes, inmediatamente después y aproximadamente 45 minutos después de la prueba utilizándolo como biomarcador de la actividad del eje HPA.

También se midió la actividad de la enzima alfa-amilasa en las mismas muestras de sangre utilizándola como biomarcador del eje SAM, algo que no se había hechos en otras investigaciones anteriores.

Tal y como se esperaba en base a los resultados de estudios previos, basados en el análisis de los niveles de cortisol en la saliva de personas estresadas, los participantes, que en el experimento de Denver tuvieron a su perro con ellos, mostraron menores picos (aumentos de nivel) de cortisol.

Por ejemplo, varias investigaciones previas a la de Denver, habían descubierto que las personas expuestas a una situación estresante tienen una respuesta de cortisol menor (lo que sugiere que la persona está más tranquilas) cuando están con un perro en comparación de cuando se encuentran solas, una respuesta que es incluso menor que cuando están con un amigo, aseguran.

Pero este nuevo estudio de la Universidad de Denver confirmó algo que Morris y Gandenberger venían sospechando: que las variaciones en los niveles de cortisol son tan solo una parte de la respuesta fisiológica que se genera en una persona cuando atraviesa una situación de estrés y está con su animal de compañía.

Estos investigadores observaron que quienes fueron a la prueba con su perro experimentaron un claro pico en sus niveles de alfa-amilasa, mientras que quienes no llevaban a su animal de compañía prácticamente no mostraron esa respuesta.

Los participantes con sus perros tuvieron una respuesta que los investigadores consideran “equilibrada”, consistente en que su cortisol no se disparó demasiado, mientras que su alfa-amilasa se activó moderadamente.

“Esto demuestra que estuvieron alertas y concentrados durante toda la prueba, y que luego volvieron a la normalidad al cabo de 45 minutos

...Ese lapso está considerado como el punto óptimo para manejar el estrés eficazmente”, según explican.

Morris y Gandenberger se especializan en estudiar los efectos que los animales de compañía tienen en los humanos con los que conviven.

Estos dos estudiosos destacan que docenas de estudios realizados en los últimos 40 años han confirmado que los perros ayudan a los seres humano a sentirse más relajados, lo cual explicaría el creciente fenómeno de personas que recurren a perros de apoyo emocional para afrontar la vida cotidiana.

También se ha demostrado que los dueños de perros tienen un 24% menos de riesgo de muerte y cuatro veces más probabilidades de sobrevivir al menos un año después de un infarto, recalcan.

Ahora, “este nuevo estudio sugiere que los perros podrían tener un efecto biológico más profundo y complejo en los humanos de lo que los científicos creían”, según Morris y Gandenberger.

Explican que al medir múltiples biomarcadores (indicadores biológicos del estado corporal) de las dos principales vías de estrés del cuerpo, en lugar de centrarse en una sola vía fisiológica a la vez como se había hecho en estudios previos, consiguieron obtener una visión más completa de cómo la presencia de un perro afecta el estrés en el cuerpo humano.

Teniendo en cuenta que “es poco probable que la vida cotidiana de las personas se vuelva menos estresante en el futuro cercano, se necesitan formas simples y efectivas de mitigar estos efectos. Aquí es donde los perros pueden ayudar”, señalan.

“Nuestra investigación sugiere que nuestros compañeros caninos nos mantienen en una zona saludable de respuesta al estrés”.

Concluyen Kevin Morris y Jaci Gandenberger.

Ahora, y basándose en los resultados de este estudio, el equipo que lideran se dispone a comenzar una nueva investigación, que involucra muchos más biomarcadores y busca profundizar en los mecanismos biológicos que posibilitan que los perros de servicio psiquiátrico reduzcan el TEPT (trastorno por estrés postraumático) en los veteranos militares.

Cuando nuestro perro se acerca, el estrés se aleja

Foto: EFE