Generación sin casa | Parte III: Los jóvenes cambian la casa propia por roomies, ahorro y apoyo familiar
Edición: Alfonso Vidal




Guadalajara, Jalisco 

Lograr la independencia financiera y adquirir un patrimonio en el Área Metropolitana de Guadalajara hoy parece una hazaña titánica. Para entender la magnitud de esta crisis y buscar alternativas reales, es indispensable comparar cómo las reglas del juego han cambiado en menos de dos décadas. 

Sergio Chávez, servidor público de 48 años, es testigo de esta transformación.

“Yo me salí de casa de mis padres cuando cumplí 30 años, coincidió que fue cuando con mi pareja quedamos embarazados y pues lo normal era hacer nuestro propio hogar y entre los dos nos apoyamos para rentar, en aquel entonces, una renta era de mil 500, dos mil pesos. Estoy hablando de eso hace 17, 18 años”.

“Ahí ella compró casa por parte de su trabajo. Le dieron un préstamo y después yo compré casa por medio del Infonavit. Se me presentó la oportunidad, buen precio, no me descontaban, no me descuentan mucho.

De eso te estoy hablando hace aproximadamente 11 años. En aquel entonces me descontaban mil 100 pesos a la quincena. El préstamo que me otorgaron fue por 330 mil pesos, pero hace 11 años había más oportunidades, más opciones con ese monto”. 

Hace 11 años, Sergio logró adquirir un departamento que le implicaba un descuento de apenas mil 100 pesos a la quincena. En sus inicios, cubrir una renta de mil 500 pesos requería únicamente destinar el sueldo quincenal de una sola persona.

Hoy, eso es una utopía para las nuevas generaciones. Con la precariedad del mercado laboral como tendencia, quedarse en casa de los padres por más años ya no suena tan mal. De hecho, Andrés de la Peña lo contempla incluso como un elemento histórico y cultural con las familias extensivas, una práctica común en México y América latina. 

“Algo que es interesante tener en mente es este tema de los hogares extensivos o de las familias extendidas, que son uno de los nombres que se le da a esto: cuando vive el abuelo, una generación y otra generación y otra generación, juntos. No es ajeno culturalmente a México.

De hecho fue un periodo más o menos corto de nuestra historia donde se estuvo practicando que cada unidad mínima familiar posible tuviera su propia vivienda.

Por mucho tiempo era más común que la gente viviera en casas más grandes y vivían varias generaciones, y ahora entre presiones económicas no es extraño que se recupere o que se vuelva a hacer eso”.

Sin acceso a créditos hipotecarios y con rentas exorbitantes, independizarse sin sacrificar la calidad de vida exige estrategias asertivas. La figura del "roomie" o compañero de piso ha dejado de ser una etapa universitaria para convertirse en una alternativa permanente que permite dividir gastos y acceder a mejores ubicaciones. Otra opción es la planificación estratégica y el ahorro solidario desde el hogar familiar.

“Pues sacar sus números para ver si al final de la quincena, o del mes, les da para esa opción de independizarse, ya sea un apartamento, una casa o hacer como ‘roomie’, compartir con alguien gastos, pero depende mucho de en qué trabaje y cuánto le paguen.

Sería recomendable para vivir la experiencia de independizarte. ¿Qué puede pasar? Que simplemente no la hagas y te regreses con tus papás, no pasa nada, pero ya viviste la experiencia.

Pero si pudieses hacer un colchón, por decirte un proyecto a un año, dos años, ahorras una lana con tus papás y después te sales y puedes tener un una mejor opción en cuanto a rentar por, no sé, pagar una renta a seis meses adelantado mientras te acomodas tú en algo mejor”.

Las estadísticas respaldan este cambio de comportamiento. Según datos del INEGI, las juventudes están retrasando su salida del hogar: la emancipación antes de los 18 años cayó del 21.3 % en las generaciones pasadas a un 14.4 % en la actualidad.

Retrasar la salida permite a los jóvenes capitalizarse y evitar caer en el hacinamiento en las periferias. Frente a este panorama, la herencia patrimonial aparece en el horizonte como un factor decisivo.

“Vamos a ver cada vez más una generación que probablemente no tenga muchos hijos porque no puede pagar por una vida digna para esos hijos”.

“En términos de calidad de vida, porque esta generación que ahorita tiene entre 18 y 30 años, no sé qué prospectos tenemos de calidad de vida y de empleo para cuando tengamos 40 a 60 años.

Antes de ser población económicamente dependiente, como se le denomina, no sé qué prospectos vayamos a tener en esa etapa de vida si no mejoran las condiciones económicas”.

Compartir vivienda, ahorrar solidariamente desde el nido familiar y apostar por la preparación profesional son las herramientas actuales para buscar la independencia sin perder la dignidad. Sin embargo, el patrimonio heredado no debería ser la única vía para acceder a una vivienda en Jalisco.

  • Es urgente que las políticas públicas garanticen que el trabajo justo, y no solo el privilegio familiar, vuelva a ser suficiente para construir un hogar.  

Julio León